Peter Seewald: «Benedicto XVI ha llevado al papado a una nueva era»

El periodista alemán Peter Seewald lleva casi 30 años acompañando a Joseph Ratzinger profesionalmente. Nadie más idóneo que él para escribir un libro de dimensiones historiográficas como Benedicto XVI, una vida. Su trayectoria profesional está marcada por diversos hitos: la dirección del periódico Der Spiegel, entre 19881-1987. Su trabajo de redacción en Stern y en el semanario de Süddeutsche Zeitung. Y cómo no, su primera entrevista al cardenal Joseph Ratzinger en 1996, prefecto entonces para la Congregación para la Doctrina de la Fe.

De este primer encuentro nació una afinidad que se reflejó en el primer libro dedicado a Ratzinger: La sal de la tierra. Una obra escrita en colaboración con su protagonista escrita con la intención de retratarle fuera del marco ya extendido de Panzer cardenal o Gran Inquisidor. Además del giro profesional experimentó su propia conversión religiosa. Regresó al seno de la Iglesia Católica, aquella en la que fue educado en Baviera y de la que se distanció a los 19 años de edad para seguir la estela de marxismo. Con 42 años de edad, en plena madurez profesional, su regreso le acercó más aún a Ratzinger y asumió la misión de desenmascarar lo que ha llamado escandalosas manipulaciones orquestadas para oscurecer su imagen ante la opinión pública. Y ante nuevos proyectos literarios, fue descubriendo al hombre en tiempos de guerra; al sacerdote apodado el Mózart de la teología, al prefecto inspirado en el Evangelio y al papa teórico que se enfrentó con análisis certeros al irrefrenable proceso de secularización.

La biografía de Benedicto XVI es el resultado de mucho trabajo: entrevistas, selección, orden y redacción, entre otros. ¿Qué parte del proceso fue la más difícil para usted y por qué?

Sí, fue un enorme desafío. Si hubiera sabido lo que se avecinaba, probablemente nunca habría empezado. Pero una historia de vida tan única y significativa como la de Joseph Ratzinger debe abrumar a todos los biógrafos. Su trabajo es casi inmanejable. Además, las conversaciones con alrededor de cien testigos contemporáneos y con el propio Papa Benedicto han sacado a la luz mucha información nueva. Fue muy difícil traer este gigantesco material y la teología, que en parte es difícil de entender para los legos, o por ejemplo también los eventos del Concilio, a un lenguaje que hace que el libro sea emocionante. Como he escuchado de muchos lectores, esto obviamente ha tenido éxito. Siento que el libro se haya vuelto tan extenso. Pero ya he acortado 300 páginas. Es una gran historia.

Estamos orgullosos de publicar su libro porque creemos que usted es quien mejor conoce al Papa emérito. ¿Qué descubrió mientras escribía esta biografía y qué es lo que quiere conservar?

He acompañado a Joseph Ratzinger como periodista durante casi 30 años. Pero sólo a través del examen intensivo de la historia de su vida me di cuenta de él, lo que este hombre ha logrado para su iglesia y su fe en una biografía sin precedentes y lo que la disposición a sufrir estaba asociada a ello. Precisamente porque nunca fue la corriente principal, sino que siguió siendo un espíritu crítico e incómodo. La diferencia con muchos otros autores es que los análisis de Ratzinger fueron precisos. Se han probado a sí mismos a lo largo de las décadas.

Lo que también fue nuevo para mí era la contribución de Ratzinger a las reformas del Concilio Vaticano II, mucho mayor de lo que habíamos conocido anteriormente. Se puede decir: sin su contribución, el Consejo en su forma progresiva nunca habría existido.  A través del trabajo en la biografía del Papa me di cuenta de la valentía y la línea recta con la que defendía los principios del catolicismo, incluso al precio de la popularidad. Y con qué humildad asumió también tareas al servicio de la Iglesia a las que nunca había aspirado. Ya sea como obispo, prefecto de fe o Papa.

Ciertamente, hay diferencias de opinión sobre Benedicto XVI. Lo especial de él es que todos los ataques que recibió, todos los intentos de presentarlo al público como una marioneta, no pudieron evitar que se convirtiera, con sus millones de ejemplares, en el teólogo más leído de los tiempos modernos – y para innumerables fieles un icono de verdadera catolicidad y fidelidad al mensaje de Cristo-. Gente de todas las denominaciones e incluso ateos aprecian su inteligencia, su alta cultura, la voluntad de dialogar y por último, pero no menos importante, su forma de escribir, que lleva algo de música en su interior. Eso permanecerá. Al igual que su innovadora trilogía sobre Jesús y el histórico acto de resignación con el que cambió el papado. Creo que ya no habrá nadie como Benedicto XVI en la Cátedra de Pedro.

Benedicto XVI en más de 1000 páginas… ¿Con qué breve definición de Benedicto XVI lo presentaría al mundo?

Eso es difícil. Joseph Ratzinger es tan diverso y ha trabajado en posiciones muy diferentes durante muchas décadas que es imposible exprimir su trabajo en una definición corta. El «Süddeutsche Zeitung» una vez lo clasificó de esta manera: «No encaja en ningún cliché, ni el conservador ni el progresista». Ratzinger era «simplemente católico, con cuerpo y alma, una especie de navegante con una bata púrpura». Y esto fue especialmente cierto en el momento en que él, como pastor supremo, lideró la Iglesia Católica mundial con un claro liderazgo. Con él, todo el mundo sabía dónde estaba y que todo lo que representaba podría ser incómodo a veces, pero correspondía fielmente al mensaje del Evangelio, las enseñanzas de la Iglesia y los resultados del Concilio Vaticano II.

Podríamos decir que Benedicto XVI es uno de los principales intelectuales de nuestro tiempo, una voz autorizada de la razón y la fe, y, además, un maestro espiritual de las altas gracias que ayuda a la gente a conocer a Dios y a encontrarse a sí misma. Además, también es un destacado escritor espiritual. A alguien se le ocurrió la idea de proponerlo para el Premio Nobel de Literatura.

Siempre piensas que el Papa vive en una burbuja. ¿Qué fue lo que te acercó especialmente a él?

La imagen del Papa en una jaula dorada es común, pero es un cliché. En lo que respecta a Benedicto XVI, probablemente haya pocas personas que hayan tenido y sigan teniendo tantos contactos como él. Ya hasta su época de obispo, la colección de su correspondencia contiene 30.000 cartas. Ratzinger siempre estuvo bien informado, como Prefecto y como Papa. AComo emérito de 93 años, todavía sigue los eventos en la iglesia y el mundo muy intensamente. Me impresionó especialmente su disposición a aceptar a personas que no son de su convicción. Yo había dejado la Iglesia y de joven me había comprometido con el comunismo. No he conocido a nadie tan inteligente y al mismo tiempo tan simple y accesible; nadie que pudiera escucharte mejor y responderte con mayor precisión.

Su libro cuenta la vida entera de un hombre que tenía dos nombres: Ratzinger y Benedikt. ¿Hay dos biografías, Ratzinger y Benedicto?

No. El trabajo y las enseñanzas de Benedicto XVI muestran una impresionante continuidad y unidad. Su línea ya estaba establecida como un joven profesor, y nada ha cambiado. La historia del antiguo Ratzinger progresista, que a través de un «trauma» se ha convertido en un Ratzinger conservador a reaccionario, es una leyenda negra. Como prefecto de Fe tuvo una tarea muy difícil. Esa no es una posición para ser popularizada. También carecía de la comunicación correcta aquí, una y otra vez. Pero como Papa, el mundo podía ver cómo era realmente Ratzinger. Y que permaneció igual, sin importar su dignidad. No es vanidoso, ni tiene un aura estrictamente autoritaria. Todos los que lo han conocido personalmente informan de su amabilidad y ayuda. Esto ya es evidente en el ejemplo de Cristo, a quien Ratzinger ha tratado de seguir desde su infancia.

Su tarea es acercarnos a una figura extraordinaria de la historia de la iglesia. ¿Qué deberíamos recibir del trabajo de Benedicto XVI y su contribución a la Iglesia?

En última instancia, la historia juzgará la importancia de Benedicto XVI más allá de nuestro tiempo. Puedo imaginar que un día veremos en él al maestro eclesiástico de la modernidad, un hombre cuyo trabajo será una ayuda esencial para reconocer los errores de nuestro tiempo y un elemento indispensable para la reconstrucción de la Iglesia. Una cosa es cierta: ha llevado al papado a una nueva era y, como constructor de puentes entre lo viejo y lo nuevo, ha marcado el rumbo. Sería fatal para la Iglesia y el mundo ignorar su palabra.

 

Adiós a Carlos González Vallés, un hombre para la paz y la alegría

Paz y alegría. Con estas palabras firmaba el jesuita Carlos González Vallés en su blog y a él se las dedicamos hoy, el día de su fallecimiento con 95 años de edad. Esta expresión le retrata porque entre sus cualidades de autor prolífico, de profesor entregado, de hombre de vocación misionera, destacaba su carácter alegre y su sencillez humana con la que conseguía llegar a la gente. Sus reflexiones sobre la condición del hombre en el mundo eran la expresión de su mirada alegre y esperanzadora para afrontar con sencillez los retos más complejos de la vida. Nació en Logroño en 1925 en el seno de una familia que padeció las dificultades de la guerra civil y la ausencia del padre, muerto cuando él tenía 11 años. Y aún así, sus recuerdos guardaban el imborrable orgullo de un padre confiado plenamente en su hijo.

Con 16 años ingresó en la Compañía de Jesús y con 24 fue destinado a la India, donde encontró su hogar y cumplió con su vocación pastoral inmerso en sus comunidades. Estudió en la Universidad de Madrás y se licenció en Matemáticas en 1953. Fue ordenado en 1958 y destinado a enseñar Matemáticas en Ahmedabad.

Desde el principio fue consciente de que el inglés y el español eran suficientes para explicar matemáticas, pero no para llegar al corazón. Así que se volcó durante años en la inmersión lingüística del guyaratí. Conseguido su pleno dominio de la nueva lengua pudo ponerse al servicio de su misión, cambiándole la vida. Tradujo muchos conceptos matemáticos al gujarati para la Universidad de Gujarat. Incluso, contribuyó en gujarati a la enciclopedia Gnanganga sobre temas matemáticos. En la India publicó más de 70 libros sobre diversos temas: sociedad, familia, religión, moral, psicología de los que el Grupo de Comunicación Loyola atesora un buen número de sus títulos. Obtuvo numerosos premios, el Gobierno de Guyarat le otorgó cinco años seguidos el premio literario al mejor ensayo, en 1978 recibió la Medalla de Oro Ranyitram, el mayor galardón de la cultura guyaratí, y fue la primera y única vez que se ha concedido esta distinción a un extranjero.

En el año 2000 regresó a España. Una experiencia que le hizo sentirse migrante por partida doble. “Me sentí tan extraño cuando volví a España como me había sentido en la India al llegar allí”, decía. Y precisamente ese sentimiento le acercó más a la realidad: “Me sentí en casa en los dos sitios”. Por todo ello, con ese buen estado de ánimo que le distinguía escribió para Sal Terrae su último libro: Todos somos migrantes. Hoy, tras su último viaje, acogido en la Casa del Padre, nuestro deseo es que  la figura de Carlos González Vallés y su enorme y rico legado continúen inspirando sus sencillas palabras:

Es bueno encontrarnos.
En pantalla y corazón.
En compañía electrónica.
En Paz y Alegría.

11 consejos de vacaciones para grandes lectores

Durante más de 100 años, con nuestros sellos Sal Terrae y Mensajero, hemos contribuido a publicar toda clase de libros. Un tiempo fantástico para observar a generaciones enteras de lectores y descubrir las claves para disfrutar de la mejor lectura. ¡Ésa que es capaz de exprimir y disfrutar hasta la última letra!

Este año está siendo especialmente complicado. Por eso, en estas vacaciones -tanto si sales de casa como si te quedas- lo mejor sería que desconectaras todo lo posible. Y tampoco hay que complicarse ahora con grandes viajes, maletas cargadas de aquí para allá…. Y para desconectar bien, unos buenos libros, pueden ayudarte mucho. Aquí tienes unos consejos para ayudarte a disfrutar intensamente de tus lecturas: 

    1. Empieza haciendo que leer sea algo placentero. Lánzate con los temas que te gustan más o que llaman tu atención. 
    2. Encuentra un lugar agradable para sentarte a leer (en la playa, en el campo, un río… o en tu casa si eres de los que este año no van a salir). Un sitio donde no te distraigas mucho. ¡Y que tenga buena iluminación!  
    3. Hay quienes se pegan atracones de lectura, pero si a lo largo del año no has podido leer mucho, lo mejor es empezar poco a poco. Así no dejarás el libro abandonado a la primera. Elige un momento del día dedicado solo a leer. Lo importante es que te marques un tiempo que puedas llenar leyendo. Por ejemplo, 30 minutos diarios, 10 páginas, o un capítulo entero. Y si lo, superas… ¡déjate llevar!
    4. Explora la portada. Es un elemento que condiciona mucho tus ganas de abrir un libro. La portada te da una ligera idea de lo que te vas a encontrar. Y al final, es la imagen que tu cerebro proyecta al recordar el libro. En este juego creativo, hay mucho que leer y descubrir. Al empezar un libro, al retomarlo cada día y también al terminarlo.
    5. Pregunta. No tengas miedo al diccionario. Ni tampoco a Google o a Wikipedia, siempre que no te distraigas en ellos demasiado. 
    6. Leer es maravilloso, sí. Pero no todos los autores escriben para ti, ni tú estás hecho para cualquier libro. Hay libros que aburren o no te enganchan lo suficiente por muchos motivos. Si te encuentras con uno…, déjalo y ponte a leer otro. Ojalá puedas retomarlo en otro momento y quizá te sombre.
    7. Lee pausadamente. Estás de vacaciones y no hay que correr. La buena lectura se hace sin prisas. Despacito y con buena letra. Olvídate del estrés y disfruta.
    8. ¿Te has puesto a leer en alto? Tu cerebro se ha cansado y se divierte con otras cosas. Como por ejemplo, que te escuches a ti mismo. Para procesar de verdad la información, lo mejor es leer mentalmente
    9. No tener un hábito de lectura es horrible. Pero que la lectura te lleve a la indiferencia… ¡es mucho peor! Un buen libro te tiene que mover y abrir un diálogo. Habla de lo que has leído, comparte tu opinión con otras personas que amen la lectura. Con tu familia, con tus amigos. Las redes sociales pueden ser el espacio perfecto para dialogar y descubrir más libros.
    10. ¿Por qué no intercalar lecturas? Hay muchos que solo pueden leer un libro desde el principio hasta el final. Pero también hay muchas personas que intercalando dos libros, alimentan todavía más su deseo por leer. Ponte a prueba y déjate sorprender.
    11. La lectura en papel es pura experiencia sensitiva. El ruido al pasar las páginas. El inigualable olor a libro nuevo, o antiguo. El sentir el peso, la textura de las hojas… El libro en papel para muchos es algo casi mágico. Pero hoy en día, la tecnología nos ofrece otra forma de leer -quizá no tan sensitiva-, pero sí enormemente práctica. ¿Por qué no descubrir el mundo de los ebooks? Este tipo de lectura es muy económica y permite abrirte a muchas posibilidades. Aquí te descubrimos algunas de las principales ventajas y cómo disfrutar de un libro en formato ebook sin necesidad de tener un dispositivo.

En todo caso, tú eliges cómo quieres leer para disfrutar y disfrutar leyendo. ¿Te animas a probar?

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Día del Libro 2020. Siempre… ¡gracias, libros!

Allá por 1450, Johannes Gutenberg, después de muchas investigaciones y ensayos, inventó la imprenta. Un hecho que, sin lugar a dudas, cambió el mundo. La cultura se generaliza. Es más fácil su difusión. Llega a más lugares y personas y en mayor cantidad.

El hecho de instaurar un día conmemorativo del libro es algo más reciente. En España, lo aprueba el rey Alfonso XIII en 1926 y adquiere un carácter ya mundial en 1995, aprobado por la UNESCO. Queda instaurada la fecha del 23 de Abril como Día Internacional del Libro.

Muchos han sido los inventos que se han producido a lo largo de la historia de la humanidad pero pocos han transformado tanto la vida de las personas. Así como existen metales que transmiten rápidamente la electricidad o el calor; el libro es el mejor conductor de cultura entre las personas. Se puede vivir en solitario, en pareja, en grupo… Nos da la libertad de conocer, soñar, viajar, movernos por mundos que, de otro modo, ni sabríamos que existen.

A lo largo de los años, se han producido crisis del libro; o más bien, transformaciones. Cambios en la forma pero no en el fondo. ¿De verdad creemos que la imprenta no supuso críticas por el nuevo paradigma que presentaba? Seguro que sí, y fuerte. Hoy día, disponemos de un sinfín de opciones a la hora de emprender el viaje-aventura que supone leer: libro en papel, e-book, audiolibro.

Sin embargo, este año todo es muy distinto. La crisis del Coronavirus nos ha obligado a todos a hacer un enorme sacrificio de confinamiento en casa. Pero hoy, todas las librerías -esos pequeños tesoros compuestos de sueños y valores- vuelven a abrir con todas las seguridades sanitarias. Por eso, este año, nos sumamos a la iniciativa de la Federación de Gremios de Editores de España y celebramos todos juntos, el Día del Libro este 23 de Julio, con los habituales descuentos y promociones. Tanto en librerías como en nuestra web gcloyola.com.

Desde el Grupo de Comunicación Loyola, queremos poner en valor un día tan especial como el de hoy y en las difíciles situaciones que vivimos. Abre un libro. No pierdas la ocasión de pensar, aprender, reír, llorar! Qué los libros te ayuden a crecer como personas integrales. Intelecto y espíritu de la mano, creciendo juntos. Haciéndose preguntas, buscando respuestas.

Lo dicho, ¡Feliz Día del Libro!  y recuerda:

“Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”

(Emily Dickinson)

23 de julio, Día del Libro, #TodoEmpiezaEnUnaLibrería

Este pasado 23 de abril, Día del Libro, se ha extendido hasta el 23 de julio de este 2020. Porque en tiempo de confinamiento, celebrar esta jornada tan señalada prohibía el encuentro con quienes hacen posible que la creación literaria llegue a manos del soñador. Escritores, libreros, distribuidores y editores tenían difícil encontrarse con sus lectores en las librerías para emprender juntos una nueva historia. Así que este 23 de julio devuelve al libro el protagonismo que le arrebató la pandemia bajo el lema #TodoEmpiezaEnUnaLibrería Ahora cabe preguntarse ¿qué ha empezado en una librería? …mil recuerdos, millones de historias y personajes a los que solo la realidad supera.

¿Qué es lo que hace diferente a una librería de otros lugares? Escritores que encuentran inspiración; editoriales que lucen sus sellos entre las estanterías y lectores incansables que aciertan en el nuevo sendero elegido.  «En la librería encuentro lo que necesito, lo que quiero en cada momento, lo que me gusta leer», decía una de las autoras del Grupo de Comunicación Loyola, Gracia Iglesias, en este vídeo dedicado a las librerías.

Siguen los sueños. #TodoEmpiezaEnUnaLibrería

«El diálogo y el encuentro entre ciencia y religión es mucho más factible que en otros tiempos»

El Grupo de Comunicación Loyola está comprometido con la difusión del diálogo y del encuentro entre la ciencia y la religión. Con la publicación de la colección de los libros de la Fundación Templeton así como el pensamiento de nuestros autores, la editorial jesuita tiende puentes entre dos áreas que aparentemente son completamente opuestas. El profesor Leandro Sequeiros SJ es especialista en este diálogo. Entre sus manos y a través de su extenso conocimiento, muchos de nuestros libros pasan su filtro. El es jesuita, doctor en Ciencias Geológicas, licenciado en Teología (Granada, 2000); catedrático de Paleontología (en excedencia desde 1989). Ha sido profesor de Filosofía de la Naturaleza, de Filosofía de la Ciencia y de Antropología filosófica en la Facultad de Teología de Granada. Miembro de la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Zaragoza, del Consejo de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas (UNIJES), adjunto a la dirección de la revista Pensamiento, vicepresidente de la Asociación de Amigos de Teilhard de Chardin (sección española) y presidente (desde mayo de 2020) de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA).

Entre todos los publicados por el GCL de la Fundación Templeton ¿cuál recomendaría a los lectores?

Recomendaría uno de los últimos publicados, firmado por Peter Harrison, Los territorios de la ciencia y la religión, el número 19 de la colección. Lo recomiendo porque su orientación coincide mucho con la línea que seguimos en la Cátedra Francisco J, Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión y con la línea de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA), de la que acabo de ser nombrado presidente. Esta cátedra de  la Universidad Pontificia Comillas apadrina esta colección, aunque no se identifica necesariamente con la orientación de todos los libros publicados. Fue fundada en 2003 y desde sus inicios se integró en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI) como foro de reflexión y discusión sobre aquellos temas que se encuentran en debate en la sociedad del siglo XXI, entre el conocimiento científico y tecnológico y el conocimiento religioso. Todo ello en un ámbito abierto a la diversidad de enfoques, abierto a la participación tanto de creyentes (de las distintas religiones y confesiones) como de no creyentes, y también a la participación de todos cuantos en nuestra sociedad se presten al diálogo y a tender puentes intelectuales, actitudinales y de acción social desde un pensamiento racional riguroso.

 ¿El diálogo entre ciencia y religión, a medida que se ahonda en sus desencuentros tiende a aumentar las distancias entre ambas disciplinas o están «condenadas a encontrarse»?

Sinceramente, creo que no ha habido tantos desencuentros, y estos no han sido tan violentos como algunos autores han intentado hacernos ver. Precisamente algunos de los volúmenes de la colección Ciencia y Religión es lo que demuestran. En este sentido, John Hedley Brooke, en su libro Ciencia y Religión. Perspectivas históricas, de 2016, Peter Harrison en Los territorios de la ciencia y la religión, de 2020, y Iam G. Barbour, en El encuentro entre ciencia y religión. ¿Rivales, desconocidas o compañeras de viaje?  Presencia Teológica, 2004, reconocen que hoy más que nunca, el diálogo y el encuentro es mucho más factible   que en otros tiempos. Estamos en un buen momento porque está cambiando la mentalidad de la gran mayoría de los científicos (son menos positivistas), de los filósofos (son menos dogmáticos) y los teólogos (están más abiertos al diálogo).

Lleva dedicado a este diálogo prácticamente toda su vida como jesuita y científico. Sin embargo no sé si es una cuestión que interpele y genere curiosidad a otros creyentes. ¿Cree que debería abrirse más sus interrogantes a los creyentes? ¿Por qué?

Algunos científicos de ideas muy fijas (pero con mucho poder mediático, como Richard Dawkins, Daniel Dennett y Sam Harris) han comparado el daño que hace el COVID-19 con el daño que hacen las religiones. La palabra “ciencia” llena hoy muchos espacios de nuestra sociedad. Por ello, se suele hablar desde hace años de que vivimos “La Era de la Ciencia”, un período de la humanidad en el que la ciencia y los científicos deben iluminar el camino por lo que avance la sociedad. Precisamente, en el diario El País del 6 de junio, en el apartado “ideas”, se inserta un artículo sobre con el título que la ciencia revolucione la política. Se pide que los científicos protagonicen los cambios sociales y no los políticos. La palabra “ciencia” y “científicos” aparece con frecuencia en las redes sociales y esto debe interpelar y generar curiosidad a los creyentes formados. “La idea de que cada nuevo avance científico es un clavo más en el ataúd de Dios está muy extendida entre el público”, escribe el matemático de Oxford y profesor de Fe y Ciencia John C. Lennox en capítulo 1º de su libro ¿Ha enterrado la ciencia a Dios? Tal vez este texto sea un tanto exagerado. Pero desde mi punto de vista y desde mi experiencia de casi medio siglo en este campo, muchos creyentes adultos en su fe en Europa no poseen herramientas intelectuales para integrar los interrogantes y retos de la Era de la Ciencia en unas vivencias y expresiones religiosas que hoy se quedan ya demasiado cortas.

¿Qué cuestiones faltan en la divulgación para que este diálogo ciencia y religión tome un lugar relevante?

Creo que hay una cuestión importante: los cristianos adultos apenas tienen formación sobre el cientificismo como ideología justificadora de que las tradiciones religiosas son irracionales y deben ser reprimidas o reducidas a la esfera privada. Esta es hoy una especie de religión secular: la de un laicismo (no laicidad) fundamentalista. Los tecnólogos, los tecnócratas y los expertos son los sacerdotes de esta nueva religión. Organizada jerárquicamente, esta Iglesia universal está profundamente relacionada con el poder político, militar y económico. «Sólo el conocimiento científico es un conocimiento verdadero y real;  es decir, sólo lo que puede ser expresado cuantitativamente o ser formalizado, o ser repetido a voluntad bajo condiciones de laboratorio, puede ser el contenido de un conocimiento verdadero». De acuerdo con esto, «el conocimiento científico es universal, válido en todo momento, en todo lugar y para todos, más allá de las sociedades y las formas culturales particulares».

Las posturas históricas que han relacionado la fe cristiana y la ciencia:

  1. Conflicto: la postura que ahonda en el conflicto (y por tanto, en la imposibilidad de un diálogo) se dio sobre todo en el siglo XIX bajo la influencia del libro de J. W. Draper, Historia de los conflictos entre la Religión y la Ciencia. Esta lucha abierta, se alimentó, por un lado, de una postura de grosero materialismo científico, y por otro lado, de un literalismo bíblico fundamentalista que hacía imposible cualquier tipo de encuentro.
  2. Independencia: otra de las posturas entre fe cristiana y ciencia es la de la independencia, dos magisterios diferentes, con metodologías diferentes y objetivos diferentes y por ello nunca se pueden encontrar. Muchos cristianos evangélicos y cristianos conservadores propugnan esta postura. Ciencia y religión no se encuentran y tan científica es la ciencia de la evolución como la ciencia de la creación.
  3. Diálogo: la postura del diálogo supone unas relaciones constructivas entre ciencia y religión que deben superar los conflictos o la independencia. Se sitúa gradualmente hacia una mayor postura de integración, como veremos. El diálogo presupone la aceptación por ambas partes los límites del conocimiento científico y del conocimiento teológico, y explora las semejanzas entre los métodos de la ciencia y de la religión y analiza los conceptos puente que permiten unas relaciones transdiciplinares.
  4. Integración: como culmen de este proceso de diálogo está la emergencia de formulaciones nuevas que constituyen lo que se denomina interdisciplinariedad, un intento de reelaboración conceptual y metodológico que permite aceptar la complementariedad de saberes dentro de un universo de límites difusos pero que acepta la legítima autonomía de cada disciplina. No se trata tanto de lanzar puentes cuanto de construcción tolerante y plural de interpretaciones del mundo siempre provisionales y éticamente elaboradas. En el pasado, fue la llamada Teología Natural la que estableció constructos teológicos asentados desde los datos de las ciencias empíricas. Más modernamente está el intento denominado Teología de la Naturaleza, según la cual los conceptos teológicos se reelaboran dentro de los macroparadigmas elaborados por las ciencias, de modo que sean comprensibles a los humanos de nuestra época. Qué duda cabe, que el Vaticano II en la Gaudium et Spes hizo notables esfuerzos de relectura teológica de la realidad social y natural.