La vida plena de la mujer, sin techos de cristal

«La mirada a la mujer un día como hoy es inevitable, también desde artículos y propuestas editoriales del Grupo de Comunicación Loyola. Este Día Internacional de la Mujer Trabajadora es pasado y es presente. Una historia marcada por hitos que han procurado grandes cambios en el ámbito del trabajo femenino sin que se haya alcanzado la igualdad plena. En la revista Razón y Fe ya el número de febrero, en su artículo editorial Techos de cristal: la perspectiva femenina del desarrollo humano, abordaba esta realidad de una conciliación de la vida familiar y profesional inconclusa. «No hay que engañarse, el problema afecta a las mujeres de todo el mundo», insiste. Y para ratificarlo echa mano de la realidad de Europa donde «sigue sin haber igualdad retributiva, no existe un reparto equitativo de las tareas del hogar y las tasas de desempleo femenino son superiores a las de los hombres. Las mujeres siguen trabajando fundamentalmente en “cosas de mujeres” (cuidados, enseñanza) también fuera del hogar». Estos datos se jalonan con otros procedentes de Chile -estudios de la Fundación Sol de 2015 confirman que solo trabaja el 43,8% de las chilenas y, de ellas, el 97% en el servicio doméstico-. Realidad corroborada por la ONU en su informe de 2015 para toda América Latina: «Las mujeres en puestos de alta dirección ganan de media solo el 53% del salario de un hombre en un puesto similar». La referencias también son asiáticas basadas en la realidad japonesa: en 2013 solo trabajaban en Japón el 49,3% de las mujeres en edad laboral y ganaban un 24% menos que los varones por el mismo trabajo.
Todos estos datos reflejan esa realidad palpable para responder a una pregunta: ¿Realmente estamos ante un cambio social profundo ligado a la transformación de modelos familiares, roles de género y formas de entender la calidad de vida? «Hemos comprobado en las últimas décadas que el cambio familiar y de roles depende de esa igualdad retributiva y de oportunidades que permite a las familias elegir libremente el reparto de las cargas del hogar».
El término de «techos de cristal» fue acuñado por un periódico americano en 1986 refiriéndose a la existencia de una barrera transparente, invisible al inicio de las carreras profesionales de las mujeres, pero muy eficaz a la hora de impedir que lleguen a puestos de alta dirección en las empresas del mundo industrializado. Ahora Razón y Fe reconoce que esta metáfora describe hoy «muy bien la situación de todas las mujeres que intentan conciliar su vida familiar y profesional en el mundo. Como bien señala el Informe sobre el Desarrollo de la ONU, la desigualdad salarial incide sobre la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres». Desde el editorial se apuesta por que no solo baste «tener derechos» sino que se sumen acciones para que esos derechos cumplan su función: «Habrá que romper los techos de cristal para lograr que las personas vivan más plenamente poniendo en práctica sus capacidades».

Gracias por el agua

La revista Catequética dedica una actividad especial con motivo del Día Mundial del Agua para celebrarlo en clave de fe. Gracias a esta actividad, el catequista dispone de herramientas didácticas con las que llegar a los niños y niñas para su sensibilización, su valoración de la riqueza del agua y del planeta y su reflexión sobre la responsabilidad. Se proclaman como «la última generación que puede salvar la tierra» y descubren, a través de canciones, vídeos y de una dramatización participativa, las «enfermedades» del planeta: «En 2025, 1.800 millones de personas vivirán en países o regiones desérticas», «Hoy en día hay 1.100 millones de personas que carecen de un adecuado acceso al agua»; «Cruz Roja sostiene que las inundaciones generan en el mundo más muertes y refugiados que las guerras».
A través de esta actividad, se acercan a términos como gestión del agua, desertización, cambio climático, estrés hídrico y llegan también a la realidad de los afectados, los más desfavorecidos. Esta reflexión avanza desde la lectura del evangelio de Juan -el pozo de Jacob- y una oración de gratitud por el agua:
«Tú que nos has dado el gran regalo del planeta agua, que ocupa el 71 % de la superficie de nuestro planeta. Ayúdanos a quererla de corazón, a cuidarla como se cuida lo que se quiere de verdad, y a compartirla porque es un regalo para todos los seres vivos de la tierra. Que sepamos utilizarla siempre bien y que nos ayude a toda la humanidad para hacer entre todos un mundo más bonito y humano. Amén».
Para terminar, este material elaborado por Alberto Pérez Pastor, S.J. de Tudela (Navarra) ofrece una reflexión sobre el significado del agua en la religión cristiana: «El pueblo de Israel fue salvado por el paso de las aguas en el Mar Rojo. Jesús fue bautizado en el Jordán y nos regaló el sacramento del bautismo, por el que comenzamos a ser cristianos. El agua la empleamos para bendecir en el nombre de Dios Padre. Por eso, al despedirnos, damos la bendición con el agua bendita».

La inspiración de una vida de esperanza en Camboya: El corazón del árbol solitario

«El corazón del árbol solitario descubre la superación, el perdón y el amor que inspiran muchas vidas humanas en un país que afronta las consecuencias de la guerra, de las minas antipersona, de la polio y de la pobreza: Camboya. En este lugar del mundo echó sus raíces el jesuita asturiano Kike Figaredo hace 23 años y hoy su compañero jesuita, el escritor José María Rodríguez Olaizola, recorre su historia y muchas otras -Denise, Sister Ath, Richie, Totet, Wen Pirulo, Eng, Theara- con las que han entramado con pasión y entrega una vida de esperanza con los camboyanos. Autor y protagonista celebrarán el 5, 6 y 7 de abril, encuentros en Oviedo, Valladolid y Madrid, respectivamente.
El autor traza la biografía de este sacerdote de 57 años de edad (Gijón, Asturias, 1959), hoy conocido como «el obispo de las sillas de ruedas», jalonando sus hitos vitales desde los inicios de su vocación en la Compañía de Jesús hasta hoy. José María Rodríguez Olaizola, jesuita afincado en Valladolid, vivió durante un tiempo en la Prefectura Apostólica de Battambang y en la parroquia de Tahen (a 15 km de la prefectura) para transmitir en este libro las historias de amor, de perdón, de superación, de violencia, de incertidumbre que se entrelazan. También porque en estas historias cualquiera podemos encontrar ecos de nuestras propias historias».
Todos los derechos de autor y beneficios de la editorial generados por la obra irán destinados al proyecto de Camboya canalizados a través de la ONG Sauce, como iniciativa de responsabilidad social del Grupo de Comunicación Loyola.”

#ElCorazóndelÁrbol