Johnny Go: «Aprender por refracción es una nueva interpretación de la pedagogía ignaciana para el siglo XXI»

Una pedagogía con 422 años de historia actualizada al siglo XXI. En 1599, la Ratio Studiorum -Plan de Estudios- sentó las bases para que los primeros jesuitas dispusieran de las herramientas pedagógicas en la transmisión de su experiencia espiritual que transformó sus vidas, en mejores cristianos y mejores seres humanos. En este 2021, el jesuita Johnny Go publica el libro que da continuidad a esa vocación, aunque con la renovación, innovación, reinterpretación y reinvención precisa para el siglo XXI. Aprender por refracción- Una guía docente para la pedagogía ignaciana del siglo XXI es una herramienta y un recurso potente para todo el que esté interesado en la pedagogía ignaciana hoy en día.

  • Situemos a los profesores de los centros de pedagogía ignaciana en la clave de su propuesta.  Gracias al subtítulo – Una guía docente para la pedagogía ignaciana del siglo XXI – apuntamos al núcleo del título: Aprender por refracción. ¿No le miran con extrañeza cuando escuchan este término ‘refracción’? ¿Por qué se eligió esta denominación? ¿Cuál es su significado para este contexto?

Precisamente, este título está destinado a intrigar a la gente. Hay varias razones por las que decidimos utilizar esta etiqueta para este nuevo enfoque de la pedagogía ignaciana:

1- Queríamos un nombre que sugiriese algo nuevo porque «aprender por refracción» es un enfoque e interpretación novedoso. Buscábamos una etiqueta que pudiera causar curiosidad para que nuestros maestros no pongan los ojos en blanco y piensen: «¡Aquí vamos de nuevo!» El título fue elegido para comunicar una nueva interpretación de la pedagogía ignaciana, relevante para el siglo XXI.

2- En nuestra opinión, la refracción es una metáfora adecuada para el tipo de aprendizaje que queremos promover en la pedagogía ignaciana. El significado científico de refracción se refiere al fenómeno cuando la luz se dobla cuando pasa a través de un medio como el agua. Cuando un estudiante aprende algo, no queremos que simplemente refleje todo del maestro al 100%. Queremos que modifique el contenido, lo cambie y lo haga propio construyendo su propio significado. En resumen, esperamos que «refracte» el contenido.

  • Refracción ahora es extraño pero intuyo que llega para quedarse y establecerse en los entornos educativos ignacianos. Que los educadores se empapen como también se empapan por dentro de la espiritualidad ignaciana. ¿Qué aporta a un profesor, a un maestro de cualquier parte del mundo esta herramienta? ¿Qué le distingue de otras?  

Hay muchos documentos valiosos sobre la pedagogía ignaciana que pueden ayudar a los profesores a aprender cómo implementarla en su práctica. Sin embargo, lo que distingue al libro Learning by Refraction es que es un cuaderno de ejercicios,. Una herramienta práctica que los profesores pueden utilizar y consultar si quieren aprender sobre la pedagogía ignaciana y reflexionar sobre cómo la están utilizando. Además, si bien el libro se basa en investigaciones académicas, también se basa en la «sabiduría de la práctica» de los educadores ignacianos que hemos consultado, en base a su vasta experiencia, los conocimientos que han acumulado y las lecciones que han aprendido. Queríamos escribir un libro que fuera fácil de usar porque, como saben, los profesores son las personas más ocupadas y trabajadoras del mundo. 

  • De alguna manera, parece que se trata de la aplicación de criterios de innovación a la tradicional pedagogía ignaciana. ¿Su propuesta en qué innova y qué conserva de la tradición?

El libro es un intento de basar la innovación en la tradición: la tradición educativa jesuita. Según el espíritu de la pedagogía ignaciana, el aprendizaje y la enseñanza que llevamos a cabo en nuestras aulas deben, ante todo, estar enraizados en nuestra espiritualidad. El enfoque del Aprender por refracción utiliza los elementos de la pedagogía ignaciana: contexto, experiencia, reflexión, acción y evaluación. Pero nos basamos en las últimas investigaciones educativas y en la sabiduría de nuestros profesionales para profundizar en nuestra comprensión de estos elementos. Entonces, ¿cómo debería ser, por ejemplo, la experiencia del estudiante en un aula ignaciana? ¿Cómo promovemos eficazmente la reflexión entre nuestros alumnos sin simplemente hablar sobre ella? ¿Y cómo incorporamos la acción en nuestras clases para que nuestros estudiantes realmente apliquen lo que han aprendido en el mundo real?

Así que este libro continúa enfatizando el propósito superior del aprendizaje, de la educación jesuita: más allá del desarrollo académico, está la formación holística y personal de nuestros estudiantes para que puedan ser personas para otros y construir un mundo diferente. El aprendizaje por refracción tiene como objetivo fortalecer estas características innegociables de la educación jesuita innovando de las siguientes maneras: extrayendo de lo que entendemos hoy sobre el aprendizaje y la enseñanza efectivos y ofreciendo al maestro una caja de herramientas que pueda ayudarlo a implementar mejor la Pedagogía Ignaciana.

  • Su libro es tan práctico que guarda los espacios en blanco para que el docente repiense y se autoevalúe, empieza desde ya la refracción…. Para que pueda ponerse en práctica, ¿piden a los profesores que cambien su pedagogía? ¿Qué tiene que cambiar y ‘aprender’ el profesor para aplicarla?

No estamos prescribiendo ningún tipo de cambio a nuestros profesores. Más bien, simplemente les estamos dando la oportunidad de reflexionar sobre su práctica, de participar en la Evaluación, de usar el lenguaje de la Pedagogía Ignaciana. Creemos que los propios profesores son los que mejor juzgan qué tipo de cambio y mejora deben y pueden hacer en su práctica de la pedagogía ignaciana. Por lo tanto, puede pensar en el libro como un «supermercado de educación». Compre lo que necesite para en mejorar la pedagogía ignaciana en su aula. En resumen, si este libro ayuda a los profesores a convertirse en practicantes reflexivos, independientemente de lo que decidan hacer, hemos cumplido nuestra misión.

  • En este campo educativo deja clara la existencia de la conexión profesor-alumno-mundo. Por tanto el aula ya no es ese espacio tradicional profesor-alumno que requiere de nuevas herramientas educativas: ¿De qué manera, Aprender por refracción responde a ese mundo integrado de pleno en el aula a través internet?

El año pasado, debido a la pandemia, todos los profesores se vieron repentinamente incluidos en algún tipo de experiencia de enseñanza global. Muchos preguntaron si la pedagogía ignaciana seguiría siendo efectiva o incluso relevante cuando enseñamos en el entorno virtual. Sorprendentemente, la respuesta es SÍ. La Pedagogía Ignaciana no solo es aplicable en el aula digital, sino que se convierte en una guía muy importante para los profesores que están aprendiendo a diseñar sus clases online.

La atención al contexto de los estudiantes, el esfuerzo deliberado para diseñar su experiencia, la insistencia en darles tiempo y la guía para hacer una pausa y reflexionar, y finalmente el enfoque en anclar cada lección en la aplicación y, finalmente, la evaluación constante para mejorar la práctica. –todos son muy útiles para el profesor digital. Nos complace observar que el enfoque de aprendizaje por refracción fue bastante efectivo en el entorno virtual.

  • Mesa apunta que Aprender por refracción muestra cómo usamos el estilo pedagógico ignaciano para ayudar a los alumnos a convertirse en estudiantes transformados por experiencias significativas y motivadoras sobre las que se ha reflexionado y que, en consecuencia, están acompañadas de un crecimiento humano ¿De qué manera, su propuesta responde también al cambio que se está constatando en el alumnado siempre  conectado?

El trabajo de formación hoy es mucho más desafiante en comparación con años anteriores. Las redes sociales y la cultura tienen efectos negativos involuntarios, como el pensamiento superficial y acrítico y la necesidad desmedida de aprobación social, van en contra de los valores que queremos promover entre nuestros estudiantes. Pero el enfoque incesante en reflexionar sobre la experiencia y decidir / actuar a partir de la propia reflexión, que se basa, por supuesto, en el discernimiento ignaciano, es un hábito valioso que esperamos poder inculcar en nuestros estudiantes a través de nuestra práctica de la pedagogía ignaciana. De hecho, el propósito más importante de la educación jesuita es la transformación de nuestros estudiantes, pero este noble objetivo se puede lograr si y solo si cada maestro en cada clase en cada una de nuestras escuelas de manera consistente y efectiva promueve estos dos rasgos definitorios de la pedagogía ignaciana: reflexión y acción.

 

Leonardo Boff: «San José tiene todas las características para ser la personificación del Padre»

El papa Francisco ha declarado el año 2021 como el año dedicado a la figura de san José con motivo del 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia Universal. Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José», describe en su carta apostólica Patris Corde. Todo un acontecimiento celebrado por el teólogo Leonardo Boff  por entender que san José es más bien el patrón de la Iglesia doméstica que de la Iglesia-gran institución. Él mismo ya contribuyó con su libro San José, padre de Jesús en una sociedad sin padre a conocer mejor su figura. Le dedicó esta reflexión en Sal Terrae teniendo en cuenta la Biblia, la tradición, la doctrina del magisterio y de los teólogos, la liturgia y la piedad popular.

Como ha expresado el papa Francisco, los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, fue muy escasamente, “pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fue y la misión que la Providencia le confió”. Y este libro profundiza en ese san José trabajador, esposo, padre y educador y expone de qué manera ilumina las cuestiones actuales de la familia y de la figura del padre. En el prólogo, Paulo Coelho dedica estas bonitas palabras: «Me complazco en la idea de que la mesa en la que Jesús consagró el pan y el vino habría sido hecha por José, porque allí habría quedado impresa la huella de la mano de un carpintero anónimo que se ganaba la vida con el sudor de su rostro y, precisamente por ello, permitía que los milagros se manifestaran». 

A la luz de su libro San José (Sal Terrae 2011) y las palabras del papa Francisco en su declaración del año 2021 Año de San José, ¿cree que la figura de san José hay que revalorizarla?

En la Iglesia prácticamente hasta los años 800 poco se menciona a san José. Como no dejó ninguna palabra, ha tenido solamente sueños, no sabían qué hacer con él. Solamente en 1870 fue proclamado patrono de la Iglesia universal, no directamente por el Papa Pio  IX, sino por un decreto de la Congregación de los Ritos. El Papa Juan XXIII era un gran devoto del santo y le confió el Concilio Vaticano II. Hizo más: introdujo “san José, esposo de María” en el canon de la Misa. La Exhortación Apostólica Patris Amore del papa Francisco y la proclamación de un año josefino le confirió más relevancia, particularmente por las siete virtudes que analizó en un sentido espiritual y pastoral. Pero hay que reconocer que la Santa Sede fue la última en ser conquistada por la devoción a san José. El pueblo siempre ha tenido una gran devoción por él, basta ver que el nombre José es dado a muchísimas personas, a escuelas, a calles etc. De hecho san José es más bien el patrón de la Iglesia doméstica que de la Iglesia-gran-institución.

Probablemente, el objetivo de su libro fuera revalorizar la figura de san José. ¿Qué ecos ha recibido a lo largo de estos años de sus lectores y creyentes?

El libro fue muy bien recibido por la comunidad de los teólogos y por la Iglesia en general. Ha sido traducido en varios idiomas. Por ejemplo el cardenal Aloisio Lorscheider al leer mi libro recibió un gran impacto y no se había dado cuenta de cuánto se podía aprender de este santo singular. Personalmente me confesó que los últimos tres retiros espirituales que predicó fueron todos a la luz de lo he expuesto en mi texto. Lo que escribí es, en verdad, un pequeño tratado de josefologia,  cubriendo los aspectos bíblicos, de la tradición, de la reflexión tardía y moderna sobre él y intentando renovar la comprensión de San José, especialmente, en una línea apuntada por el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Redemptoris Custos de 15 de agosto de l989: su asunción en el misterio de la Encarnación dándole así una cierta dimensión hipostática. 

¿Qué es lo que más desconocido de la figura de san José que cree más necesario destacar?

La tarea de la teología es descubrir más y más dimensiones del misterio inagotable de Dios. En el sentido de la Dei Verbum del Vaticano II, la revelación de Dios es más que dar a conocer verdades ocultas, sino significa más bien, una autocomunicación  de  Dios mismo, así como es. Si Dios es esencialmente trinidad de divinas Personas, todas ellas, actuando siempre juntas, cada una en su singularidad, entonces ellas se han autocomunicado en la historia de la salvación. Conocemos el Espíritu Santo que armó su tienda sobre María (Lc 1,35), el Hijo que también armó su tienda sobre Jesús (Jo 1,14) y no se hacia una reflexión sobre la autocomunicación del Padre, misterio fundamental, de toda divinidad. Cual seria la persona humana más adecuada a recibir la persona divina del Padre? Yo sostengo que san José tiene todas las características para ser la personificación del Padre. Primero por sus sueños que, según la tradición psicoanalítica, representa lo más profundo del ser humano, el inconsciente colectivo; además no dijo ninguna palabra porque quien habla no es el Padre, sino el Hijo, el Verbo eterno. Por ultimo se dice en el evangelio de San Juan que el Padre trabaja, lo que es la característica de San José, de ser un trabajador. El seria, como padre terrestre, el sujeto de la recepción de la autocomunicación del Padre celeste. Así tendríamos la entera familia divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo presente en la familia humana. Dios se ha de hecho autocomunicado enteramente al mundo teniendo una presencia personal especifica en María, en Jesús y en José. Esta es una contribución que intenté dar a la josefología, no afirmada con esta claridad en la tradición. Esto no es todavía una doctrina oficial, sino, como se dice en teología un teologúmeno, una hipótesis bien fundada, siempre bajo la apreciación de la comunidad teológica y del Magisterio.

Su libro ahonda en el silencio del esposo de María….un silencio que no le impide ser protagonista….¿qué podríamos aprender hoy en el siglo XXI de ese silencio?

El silencio de san José no es sin sentido. En nuestra interpretación es el modo en el que asume el misterio del Padre eterno, fuente y origen de toda la divinidad, lo que lo hace el sujeto adecuado para recibir el Padre en su autocomunicación. Pero tiene también un sentido espiritual y existencial. En la Iglesia oficial son los papas, los obispos y sacerdotes los que hablan. El pueblo de Dios vive, generalmente un profundo silencio. Hay un poderoso cristianismo popular, cotidiano y anónimo del que pocos se dan cuenta. Em esta situación de silencio viven gran parte de los cristianos, nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y los demás cristianos que toman em serio el evangelio y siguen el camino de Jesús. San José, por su silencio y anonimato, se inscribe dentro de este tipo de mundo. Es el representante de los humildes, “gente de bien”, sepultados en su cotidianeidad de cenizas, ganando su vida con el trabajo generalmente mal pagado y llevando honradamente sus familias por el camino de Jesús, del amor, de la solidaridad, de la piedad familiar. Verdaderamente san José es el patrón de esta iglesia popular, anónima de los que Jesús llamó de “mis hermanos y hermanas menores” del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. De este silencio podemos sacar actitudes poco presentes en este mundo, lleno de palabras, de sonidos y de todas las formas de comunicación. El ser humano necesita de silencio, primero para escuchar el otro y después, auscultar su propio corazón, su interioridad que nadie puede penetrar sino Dios mismo. En este ambiente vivió San José y el mismo Jesús por 30 años antes de iniciar el anuncio del Evangelio.

¿El hombre actual puede responder al modelo de un padre y hombre como san José ?

San José fue un esposo, un  padre, un artesano y un educador que inició a su hijo Jesús en la piedad y en las tradiciones religiosas de su pueblo. Las virtudes citadas por el Papa Francisco en su Patris amore son las virtudes naturales de quien vive una vida como la vivió san José: el ser un padre  amable, tierno, obediente, acogedor, de un coraje creativo, trabajador y vivir en la sombra, es decir, en el anonimato común de la mayoría de las personas. Son valores transculturales. San José lo vivió en su cultura hebraica, nosotros, en otro tiempo, damos a estas virtudes fundamentales las características de nuestra época. Cambian los tiempos, pero no cambian las actitudes fundamentales. Por eso san José puede se presentado como  referencia de un padre y de una familia bien integrada. El gran poeta Paul Claudel tenia una especial admiración por el silencio de san José. En  una carta de 1934 a un amigo escribió: ”El silencio es el padre de la Palabra. Allí en Nazaret hay solamente tres personas muy pobres que sencillamente se aman. Son aquellos que van a cambiar el rostro de la Tierra”.

 

 

 

Alfonso López-Fando: «Es un momento de la vida para sacar la mejor versión de cada uno de nosotros»

Vivir en el alma pide tres pasos. Uno de ellos es reconocer nuestros dones, asumirlos y ofrecerlos. Son préstamos que la vida nos regala. No los elegimos. La propuesta es acogerlos y ofrecerlos. No son los talentos, habilidades, destrezas, que varían según las personas. Son actitudes vitales, modos de estar en el mundo que generan vida y transmiten esperanza. Todas las personas estamos invitadas a vivir desde ellos. Son síntomas de salud: vivir con serenidad, humildad, autenticidad, equilibrio. Vivir con generosidad, inocencia, llevando a cabo acciones conscientes, con sentido del humor y amando.

Alfonso López-Fando, autor de Despierta el don que hay en ti.

La vida es el viaje heroico del alma. Joan Garriga pronunció esta frase recuperada e inspiradora para el psicólogo Alfonso López-Fando, psicoterapeuta y titular de la Asociación Española de Terapia Gestalt, que en ese viaje heroico trata de reconocer los dones que configuran al ser humano y vivir desde ellos. Cuando el mundo se enfrenta a una experiencia desconcertante como esta pandemia del Coronavirus, López-Fando recuerda esas dos maneras posibles de enfrentarse a esta realidad: vivir con ira, orgullo, vanidad, envidia, codicia… o con serenidad, humildad, autenticidad, equilibrio, generosamente. “No tengo duda de que muchas personas lo están reflejando estos días: elegimos actitudes del segundo grupo”, reconoce. “Es un momento de la vida para sacar la mejor versión de cada uno de nosotros. Una manera de mostrarnos de lo que somos capaces cuando estamos conectados con nuestro centro”.

La búsqueda de ese centro donde habitan los dones es un camino recorrido por López-Fando guiando a más de 1000 pacientes del Centro SOWOS (www.sowos.es) y dirigiendo talleres con Dolores Aleixandre rscj. Bajo el epígrafe ‘Días de oración y crecimiento personal”, ambos invitaban a descubrir estas actitudes vitales mediante pautas de oración y ejercicios para desarrollar. Escribió el libro Despierta los dones que hay en ti, de Mensajero, para “que más personas puedan mirarse con otros ojos y descubrir, quizá con asombro, que nos podemos relacionar con nosotros mismos y entre nosotros, de otro modo”. Pero ante las circunstancias tan cambiantes y experiencias tan dolorosas, sus propuestas están reflejadas en diferentes espacios para que “podamos sacar la mejor versión de cada persona y que, puesto que la capacidad está ahí, podemos conectar con ella, que renazca y aflore por el bien de todos”. En estos vídeos describe serenidad, humildad, autenticidad, generosidad a través de experiencias de personas que han reflejado en su vida cada uno de esos dones. «Ofrezco las pistas, recogidas de mi experiencia y de otros autores que han investigado sobre ellos, que puedan ayudar a despertar esos dones que andan más dormidos». Cada vídeo se entiende como píldoras que descubren los pasos a seguir en este tiempo de aislamiento social.

“Cada don es un espejo donde mirarse, reflejarse e irradiar. ¿Si conectara con mi serenidad, con mi generosidad, con mi sentido del humor, con mi capacidad de amar… cómo sería mi vida y la vida de los que me rodean?”, se pregunta. “Eso es posible y puedes empezar hoy”.

 

 

 

 

 

Daniel Cuesta: «Las cofradías son la puerta a la fe para muchas personas»

El joven autor de La procesión va por dentro, el jesuita Daniel Cuesta,  es un cofrade participativo y vital que lleva su compromiso hasta este libro, el relato interior y hondo de la espiritualidad suya y la de sus hermanos de cofradía. Admite que  no descubre demasiadas cosas nuevas, en cambio sí ayudará a reconocer muchas de sus vivencias personales y así encontrar elementos para hacer crecer la experiencia espiritual en las cofradías.

Un libro que bucea en las procesiones de Semana Santa desde su interior y desde la espiritualidad que las infunde. ¿Qué persigue con este libro?

Este libro tiene dos objetivos principales. Por un lado, dar claves a los cofrades que quieren vivir su pertenencia a las cofradías y su participación en las procesiones como elementos de su espiritualidad cristiana, es decir, como ayudas en su seguimiento de Jesucristo. Por otro lado, el libro pretende explicar a aquellos que rechazan a las cofradías como herramientas evangelizadoras, o dudan de su posibilidad de ser un lugar de vivencia de la experiencia creyente, que detrás de la apariencia que ellos ven en la Semana Santa, hay una profundidad mucho mayor de la que piensan. En definitiva, se trata de un libro para cofrades y para no cofrades.

Parece que un libro sobre la Semana Santa cofrade puede estar trasnochado. Que es un vestigio del pasado al que le queda poco futuro. Además, parece que es más el arte de las tallas y las procesiones que la espiritualidad que infunde todo ello. ¿Existe realmente una espiritualidad cofrade que aliente su permanencia?

Precisamente es a preguntas como estas a las que trato de responder cuando digo que este libro está dedicado a las personas que no pertenecen a las cofradías, las desconocen o las rechazan. Puesto que, si las cofradías fueran un vestigio del pasado, con poco futuro, ¿cómo explicaríamos entonces que en los últimos años se haya triplicado el número de cofrades en España? Si solo fuera el arte de las tallas o las procesiones ¿cómo explicaríamos el crecimiento de cofradías cuyos pasos carecen de valor artístico, o la fundación de otras nuevas? Eso por no hablar del incremento de los cultos y de las obras sociales y caritativas experimentado en las cofradías en las últimas décadas. Estoy convencido de que si esto se ha producido en un momento de secularización y rechazo de lo religioso es porque hay algo de Dios en ello, es parte de los signos de los tiempos y de la experiencia creyente de nuestra época. Pero, es verdad que esta experiencia espiritual se entremezcla con otros elementos más seculares, tradicionales, folclóricos o culturales. Por ello, como jesuita, estoy convencido de que debemos mirar a las cofradías (y a otras realidades como el Camino de Santiago, los grupos scout, la cultura etc.) con una mirada transida de discernimiento.

Por ello, estoy convencido de que existe una espiritualidad que alienta la vivencia cristiana de aquellos que pertenecen a las cofradías y las viven desde su seguimiento de Jesucristo. Ahora bien, hay que tener en cuenta que, como dice Luis Espina sj, cada cual vive la religiosidad popular de la misma manera que vive su fe. Es decir, si la vivencia creyente de una persona es superficial, su pertenencia a una cofradía también lo será, pero si su fe es profunda y comprometida, su experiencia cofrade también lo será. Esto ayuda a explicar por qué gracias a las cofradías puede haber personas que lleguen a plantearse la pregunta vocacional y también por qué podemos en ellas también nos encontramos con personas con una fe muy débil que raya incluso el agnosticismo.

Este trabajo nace de dentro, de lo vivido y experimentado cuyos frutos comparte. Así consigue mostrar  todo lo que tiene de auténtica esta celebración.

Las cofradías han sido (y son) muy importantes en mi itinerario creyente y vocacional. Desde pequeño he aprendido a orar ante las imágenes en las iglesias y también en las procesiones, he intuido y vivido lo que significa una comunidad cristiana con mis hermanos cofrades, y, en definitiva me he acercado a Cristo y a la Iglesia. Eso es lo que pretendo compartir en este libro, una experiencia creyente que tiene sus moldes y agarraderos en las cofradías. Pero, además, como jesuita, he podido acercarme a muchas cofradías y hermandades, no solo de mi ciudad sino de otras muchas, y compartir con sus miembros su búsqueda de Dios a través de sus cultos, acciones y procesiones. Por ello, el libro está lleno de testimonios de cofrades reales que vienen de algún modo a corroborar de modo vivencial todo lo que trato de sistematizar de una manera más teórica. En suma, es un libro en el que trato de justificar por qué existe una espiritualidad cofrade, jalonado de testimonios y anécdotas que vienen a mostrar la veracidad o encarnación de lo que estoy diciendo.

Aborda el pasado y el presente de las procesiones, pero ¿qué futuro intuye para ellas?

Hay una frase de Luis Espinal que me gusta mucho porque en ella se afirma: “el futuro es un enigma, se adentra en la niebla”. Y es que, podemos hablar del presente y tratar de construirlo según lo que sentimos que Dios nos está inspirando, pero no podemos saber lo que pasará con este trabajo en el futuro. Estoy seguro de que, cuando en los años 70 las cofradías experimentaron una enorme crisis que estuvo a punto de hacer desaparecer algunas de ellas, pocos se imaginarían que unas décadas más tarde íbamos a vivir un momento de esplendor como el que está aconteciendo en nuestros días.

Con todo, viendo cómo los niños y los jóvenes se entusiasman con las cofradías y las procesiones de Semana Santa, creo que nos espera un futuro bastante prometedor. Ahora bien, me gustaría que la Iglesia supiera ver a las cofradías y a toda la gente que se acerca a Dios a través de ellas como un reto y no como una amenaza o una cosa superflua y cultural. Puesto que no solo creo, sino que he experimentado que, las cofradías (con toda su ambigüedad y sus aspectos difíciles) pueden ser la puerta de la fe para muchas personas, siempre que sepamos acompañar esa llama que Dios enciende en muchos corazones a través de ellas. Lo repito varias veces a lo largo del libro, pero, sé de buena tinta que en muchas regiones muy secularizadas de España, en las que se intenta atraer a los jóvenes hacia la Iglesia con todo tipo de actividades, estarían encantados de ver como durante los días de Semana Santa los templos se llenan de jóvenes, muchos de los cuales permanecen en ellos durante todo el año.

Existe una palabra clave en su libro: comunidad. ¿De qué manera vertebra la comunidad esta espiritualidad cofrade? ¿De qué manera pueden ser evangelizadoras?

Comunidad es una de las palabras claves de mi libro, junto con imágenes y procesión. De hecho, en el fondo una procesión no es más que el momento en el que una comunidad de creyentes da testimonio público de su fe por las calles acompañando a las imágenes de su devoción.

La comunidad vertebró la espiritualidad cofrade desde sus inicios, cuando las cofradías eran de carácter gremial y asistencial, y sigue vertebrándola todavía hoy. Puesto que las cofradías, en medio de una sociedad muy individualista, nos ayudan a pasar del “yo” al “nosotros”, ya que nos enseñan que no se puede ser ni cofrade ni cristiano en solitario. Las cofradías han sido desde sus inicios unas comunidades de laicos asistidas espiritualmente por sacerdotes, pero en las que los fieles tenían un alto grado de responsabilidad y libertad (muy al modo de la Iglesia de los laicos de la que tanto se habla hoy día). Creo que por ello pueden ser un gran valor y un tesoro para la Iglesia de nuestro tiempo.

Además, las cofradías son claramente evangelizadoras puesto que, en sus imágenes y en su experiencia de comunidad llevan el mensaje del Evangelio a nuestro mundo secularizado. Si se pregunta por Cristo o por la Virgen a un niño de una ciudad en la que la Semana Santa sea fuerte, lo más seguro es que sepa respondernos a muchas preguntas sobre ellos y, lo que es más importante, que nos cuente que les reza porque son importantes en su vida. Esta experiencia infantil está llamada a ir madurando en la cofradía de la mano de otros cofrades de la misma edad o de otra, que irán ayudando al niño a ser un buen seguidor de Jesucristo.

 

Manel Fernández: «Clamando al cielo teje historias para transmitir cómo Dios actúa en la vida de las personas»

Historias de ficción inspiradas en la realidad herida. El escritor Manel Fernández se estrena como joven novelista con el sello Mensajero con su trabajo Clamando al cielo. Una obra que sí, mira al cielo para iluminar desde la fe la oscuridad del alma de muchos hombres y mujeres enterrados en vida. Para Manel la experiencia de escribir es la respuesta a una vocación y a un don concedido: «Tejer historias a través de las cuales, ser transmisor de la Palabra».

¿Qué encierra el título ‘Clamando al cielo’?

Clamando al cielo es la historia del joven sacerdote Martín Louro, que deberá enfrentarse al mayor reto desde que comenzó a ejercer su vocación: liderar un programa de evangelización con un grupo de reclusos del centro penitenciario de Bonxe (Lugo). Allí descubrirá que, tras los graves delitos cometidos por los hombres con los que trata, se esconden inquietudes y caracteres muy diferentes. Todo ello, unido a una complicada relación con su padre y a sus métodos poco ortodoxos como responsable del programa, lo llevarán a vivir una serie de intensas experiencias de las que el lector, sin duda, se sentirá parte.

Ambientada en el noroeste gallego y que recorre algunos de los puntos del mismo, esta novela entrelaza las historias de unos personajes que huyen de los estereotipos y se van construyendo a través de su pasado y de intensos diálogos. El asesinato, la venganza, el abuso sexual, la explotación laboral o la corrupción, son asuntos que se tratan sin tapujos en esta obra, a través de unos protagonistas construidos con mucho celo y profundidad. En este ambiente de oscuridad, la fe aparece para intentar sacar lo mejor del ser humano o, al menos, para tratar de dar un poco de luz a unas vidas que parecen condenadas al sufrimiento.

¿Cómo se planteó la elaboración de este relato de ficción que bien puede reflejar la realidad penitenciaria?

La idea inicial de la novela era la de tratar el tema de la fe a través de personajes con circunstancias muy diferentes entre sí. Todos ellos debían tener un punto de partida distinto y una relación con la fe poco convencional. Tenía claro desde el principio que el nexo de unión de los personajes tenía que ser un sacerdote, pero cuando me planteé escribir esta novela todavía no sabía de qué manera iba a unir las historias de los personajes. Entonces, surgió la idea de que todos los personajes convergieran en algún tipo de reuniones o dinámicas de grupo lideradas por un sacerdote. Ambientarlo en una prisión, donde podía construir un trasfondo dramático y complejo para cada uno de los personajes, me pareció interesante.

 Destaca su estructura ágil puesto que en 27 capítulos intercala historias de diversos personajes y del protagonista principal, Martín Louro, sacerdote.

Tenía un gran interés por construir una historia coral, donde las trayectorias vitales de los personajes se desarrollaran y se precipitaran delante de los ojos del lector. Escribir esta novela fue un reto realmente bonito y satisfactorio. Pensar e intentar relatar la manera en que Dios encauza la vida de cada uno de los personajes de maneras tan diversas y las hace coincidir en un momento determinado supuso un ejercicio de imaginación muy ameno.

Al mismo tiempo, pretendía que el lector se sintiera atrapado desde el principio por la lectura de la novela. Es por eso que decidí estructurarla a través de capítulos no excesivamente largos, entremezclando las historias de cada personaje a través de escenas muy concretas de sus vidas. Buscaba un ritmo ágil de escritura y de lectura, para que el lector acabara un capítulo con las ganas de leer el siguiente, sabiendo que en él se va a desvelar algo importante para la historia.

El protagonista principal es Martín Louro, el sacerdote que se enfrenta a la evangelización entre los reclusos. Ilumina su fe esta labor difícil y su humanidad siempre solidario y generoso. A la vez, muestra su interior contradictorio por las relaciones que mantiene con su padre. ¿Es una novela de fe pero también de humanidad que trata de vivir sus propias contradicciones y sus límites?

Cuando me planteé escribir esta novela, tenía claro que quería intentar transmitir, con todas mis limitaciones, de qué manera Dios actúa en la vida de los seres humanos. Por ello es que es una novela de fe, pues sin ella, toda la novela carecería de sentido.

Desde luego, como sus protagonistas son humanos, quería también reflejar las dos caras del ser humano, capaz de lo mejor y lo peor. En la novela, no hay ningún personaje que sea blanco o negro. Todos tienen sus tonos de grises, a pesar de que algunos de ellos han cometido crímenes terribles. No quería retratarlos de manera que su crimen definiera quienes son, sino que me interesaba también profundizar en sus miedos, inquietudes y deseos. Todos tenemos nuestros propios límites, nuestras miserias y nuestros más profundos temores. Retratar la lucha interior del ser humano contra las tentaciones tan intensas a las que es sometido es una experiencia apasionante. Es una lucha que no termina nunca y de la que estoy convencido que es imposible salir airoso sin la ayuda de Dios.

 Sus protagonistas encarnan algunos de los pecados que claman al cielo. ¿Por qué repara en ellos? 

Me pareció un concepto francamente interesante. En un primer momento, pensé que podía basar los crímenes cometidos por los protagonistas en algunos de los pecados capitales o algunos de los Diez Mandamientos. Descarté estas opciones, porque me parecía un recurso muy manido.

Dice al final del libro que usted escribió porque ha recibido el don de tejer historias a través de las cuales intentar ser mensajero de su Palabra. ¿Cómo encontrar esa Palabra en historias heridas?

Realmente creo que Dios nos dio a cada uno de nosotros unos talentos que no debemos enterrar, sino que tenemos que hacer fructificar de la mejor manera posible, siempre siendo conscientes de nuestras propias limitaciones. Es curioso como, muchas veces, Dios se nos manifiesta en los momentos más difíciles de nuestra vida. Es en esos momentos, cuando no tenemos nada o cuando nos parece tenerlo todo, pero nos sentimos tan vacíos que nos parece que no poseemos nada en absoluto, es cuando nos damos cuenta de que siempre nos estuvo esperando.

A veces nos llenamos la vida de cientos de cosas para camuflar nuestros sentimientos de vacío y nos envolvemos en una capa de supuesta felicidad. Cuando todo eso se desvanece, por las circunstancias que sean, y nos asomamos al abismo, cuando nada nos llena, cuando creemos que no hay nada que pueda dar sentido ya a nuestra vida, Dios se nos muestra de forma tan nítida que no podemos ignorarlo. Por eso, cuando el hombre es consciente de las heridas de su alma, es más fácil que podamos escuchar lo que Dios tiene que decirnos.

 

 

 

Gema Sirvent: «Mis cuentos hablan de la felicidad y de las cosas importantes de la vida»

Los cuentos de Gema Sirvent para Mensajero –La luna de los deseos, Una receta para ser feliz y Cinco días para Navidad– esconden sueños, descubren asombrosas historias y desvelan pequeños secretos de la vida que hacen grandes a las personas. Historias y diálogos acompañados de las ilustraciones de Miguel Cerro, Txell Darné y Sol Ruiz. Ellos son los dibujantes que recrean ese universo donde viven protagonistas nacidos en la imaginación de Gema y colorean las emociones transmitidas por la autora. Todo un arte para encandilar a los pequeños lectores. Para que se adentren en la lectura y descubran con su mirada y sus emociones otras historias. En esta entrevista a las escritora Gema Sirvent nos cuenta las claves de su obra.

¿Por qué tu literatura se ha decantado por llegar a los más pequeños?

Es el público más sincero y al mismo tiempo el más exigente. Si no les ha gustado una historia te lo van a decir sin tapujos. Pero eso sí, cuando les gusta, no hay un público mejor. Les encanta leerla una y otra vez. Eso me parece algo maravilloso y que solo ocurre con el público infantil. Es el más dispuesto a entrar en un universo narrativo nuevo y explorarlo con libertad. Me encanta contarles historias y ver cómo ellos las completan en su imaginación.

¿Te guías por la intuición o has necesitado también una preparación especial?

Depende de lo que quiera contar. Hay veces que te llega la inspiración y parece como si la historia ya existiera. Como si ella misma te estuviera pidiendo que la escribieras, y no puedes parar hasta que los personajes te lo dicen. En otras ocasiones, sientes una necesidad de transmitir algo muy concreto, y para hacerlo bien hay que documentarse o buscar otras fuentes. Por ejemplo, en el caso de Cinco días para Navidad, a parte de contar la historia de Marta quería hablar del origen de las tradiciones navideñas; de por qué ponemos un árbol de Navidad o decoramos la casa. Todo tiene una razón de ser, y a mí me interesaba mucho que el libro no fuera superficial. Quería que tuviera profundidad y trasfondo… sin dejar de lado obviamente el hilo conductor más lúdico y el punto de vista de la narradora, que es una niña que lo único que desea es tener unas Navidades en familia. Era importante ver la historia a través de su mirada y sus sentimientos, pero me documenté mucho para hablar de cada una de las tradiciones navideñas, aunque luego solo demos pequeñas pinceladas sobre sus orígenes y significado.

Entre estos álbumes ilustrados, ¿qué es más difícil, encontrar el tema o expresarlo o encontrar el dibujo que responda a tu sueño?

Creo que lo más importante a la hora de escribir es tener algo que contar. Me obsesiona mucho que mis historias no estén huecas, que partan de una experiencia personal, que los personajes sean coherentes dentro del universo inventado, para mí es muy importante la coherencia y el fondo, quiero que mis historias lleguen a los lectores, que les muestren algo diferente, que les enganchen y para eso es muy importante transmitir cierta verdad. Lo que cuentas, por muy fantástico que sea debe partir de algo personal. Después, la ilustración creo que debe aportar algo más a la historia, no ser solamente una representación de lo escrito. Es importante que la persona que lo ilustre aporte algo de sí misma en la ilustración o le de un punto de vista adicional a la historia, que vaya más allá de las palabras.

¿En qué o en quiénes te inspiras?

A veces es muy difícil decir de dónde viene la inspiración. Unas veces es una frase que escuchas de pasada, a veces una canción, otras veces llega una idea sin saber muy bien de dónde ha salido y que no te puedes quitar de la cabeza. La mayoría de las veces la inspiración surge de observar el mundo, está lleno de pequeños detalles asombros que pueden convertirse en historias extraordinarias. Y claro está, mis hijos me inspiran muchas historias, algunas ya las tengo en la cabeza y están pendientes de escribir. Hablamos mucho y me fascina su forma de ver el mundo.

Los tres libros que has publicado con el GCL son bien distintos…¿Qué tienen en común, además de su autora?

Todos parten de la intención de poner la mirada en el niño, de contar las historias a través de sus ojos. Y creo que en el fondo las tres historias hablan de la felicidad, de las cosas importantes de la vida, solo que desde diferentes puntos de vista.

Los dos primeros libros de Gema Sirvent también han sido publicados bajo el sello Mezulari. Traducidos al euskera para que niños y niñas del País Vasco disfruten de sus fantasías. De cada uno destaca sus características:

 

«La luna de los deseos es una historia sobre el asombro por la naturaleza, sobre la belleza de todo lo que existe en el universo. Habla de un niño que se siente fascinado por la luna, y por supuesto la luna se siente fascinada también por este peculiar niño que es sencillamente feliz observando la noche desde su balcón».

 

 

 

«Una receta para ser feliz habla de una búsqueda, la de los ingredientes que cada uno necesitamos en la vida para sentirnos bien. Las ilustraciones juegan un papel fundamental para entender la historia, y la relación entre la protagonista y su abuelo. Es un libro que me gusta leer a mis hijos cuando se agobian con cualquier contratiempo, creo que es importante la perspectiva y darle a cada cosa la importancia justa».

 

«Cinco días para Navidad habla de lo que verdaderamente importa en estas fechas, de la familia y de saber esperar, de prepararse siempre para algo mejor y sobre todo, de valorar los momentos con aquellos a los que más quieres. La Navidad es un tiempo para pararse y reflexionar, para mirar hacia el interior en este mundo tan loco».