Pasión por leer para vivir la Cuaresma, Semana Santa y Pascua

Al comienzo de la Cuaresma, el pasado 17 de febrero, los mensajes de las redes sociales se abren a la esperanza ante un nuevo tiempo litúrgico. Mensajes cortos invitando a dar ese giro vital de conversión del que nazca la mejor versión de uno mismo:  No huyas de la soledad ni del silencio. Necesitas encontrarte con Dios y contigo mismo. Pregúntate ¿cómo será mi vida si en esta Cuaresma emprendo el camino de una verdadera conversión? Con estas palabras, invitaba en su perfil de Twitter @cardenalosoro  Y siguen otros: ¡¡¡Venga!!! 40 días para sacar la mejor versión de nosotros mismos, alentaba Fonfo Alonso-Lasheras desde el suyo, @serjesuita. Ese giro al mensaje de Jesús también está muy presente en el perfil @LoyolaGC, del Grupo de Comunicación Loyola. La editorial ofrece en esta búsqueda lo mejor que tiene, sus libros. La Cuaresma es una llamada a dejarse transformar por un Dios al que dejas que sea motor de tu vida. Esa acción lo cambia todo. Ahí empieza tu conversión (Mosaico Humano de José María Rodríguez Olaizola).

Una nueva travesía Cuaresma, Semana Santa y Pascua 2021 guiada a través de diferentes lecturas. Títulos cuyas páginas iluminan esos pasos necesarios para asumir el reto de ser cristiano hoy. Hay mucho escrito en ese sentido. Libros que muestran la Tierra que fue testigo del paso de Dios como Atlas de la Biblia, Diccionario de la Biblia,Tierra Santa, la guía de referencia. Títulos con Jesús en el centro de todo como Jesús, de James Martin; Jesús, el Cristo, Walter Kasper; En el centro, Jesús, de Teresa Iribaneragaray; en Las tentaciones de Jesucristo  de Enzo Bianchi o para pequeños en Jesús manga de Siku.  Y libros que ayudan a sentir y gustar internamente la mayor historia de Amor: ese amor humano lleno de dolor y de alegría de Jesús de James Martin en Las siete palabras; el amor y el miedo vivido en distintos relatos evangélicos de José María Rodríguez Olaizola en La pasión, en contemplaciones de papel; del amor orado y sentido de Pedro Trigo en La Pascua de Jesús orada según los evangelios; del amor evocado en sus escenarios de Dolores Alexandre y Alfonso López-Fando en Los cinco paisajes de la Pascua y el amor de una comunidad reunida virtualmente en torno a la eucaristía en La palabra desencadenada, coordinado por José María Rodríguez Olaizola para reunir las voces de los jesuitas que presidieron la liturgia.

También el GCL ilumina en esta aventura de dedicar un Tiempo para explorar sobre uno mismo. Un gran número de lecturas guía en ese proceso interior. Bien para Liberarnos del miedo, como así hace David Cabrera; para dar espacio a los Ejercicios Espirituales en este tiempo de Cuaresma, como en Elogio de la sed, de José Tolentino Mendoca; para escrutar la misericordia, la fragilidad, la culpa y la experiencia del perdón de cada uno, como en el Ladrón perdonado de Amadeo Cencini; para vivir desde la fe El riesgo de la esperanza, del cardenal Tagle y celebrar La  pascua de los sentidos a la que invita en su libro Benjamín González Buelta.

Y entre todos ellos, ese análisis de todo lo que sirve Para vivir y expresar la fe como recoge Dani Cuesta en sus libros: La procesión va por dentro y Luces y sombras de la religiosidad popular.

Continúa la Cuaresma por dentro y por fuera.

Una biografía con alma: Vida de Ignacio de Loyola

Una biografía que custodia historia y alma de la Compañía de Jesús Vida de Ignacio de Loyola. Entre los primeros jesuitas, Juan Alfonso de Polanco (1517-1576) fue el encargado de escribir el relato de la naciente historia de la orden. Fechas, momentos, decisiones y sobre todo, profundas experiencias religiosas la configuraron y la narración de todas ellas conseguiría mantener viva la memoria su carisma. Abrió aquel Chronicon Societatis Iesus con la vida de Ignacio de Loyola De Vita Ignatii et de Societatis Iesu initiis. En 16 folios atrapa los 49 años transcurridos desde su nacimiento, en 1491, hasta su residencia en Roma, en 1540. La biografía, escrita en latín y conservada en latín hasta la actualidad, ve la luz en la primera lengua moderna, el castellano, 476 años después. El hispanista Eduardo Javier Alonso Romo (1969-2014), un laico comprometido con el mismo carisma a través de las Comunidades de Vida Cristiana de Salamanca, abordó su traducción y edición para la colección Manresa. Y aquel trabajo ve la luz a las puertas de la celebración del V Centenario de la conversión de Ignacio de Loyola en 1521 y cuando la colección Manresa cumple 30 años de vida editorial. Todo indica que esta biografía es memoria de vida y de alma de muchos jesuitas y laicos inspirados por la figura de Ignacio de Loyola y que sale a la luz “para mayor provecho y bien de las ánimas” en este año ignaciano.

El recorrido editorial de este manuscrito, escrito en 1574, comenzó en 1894. Hasta entonces no había visto la luz. El XXIV general Luis Martín alentó y promovió los estudios sobre las fuentes y la historia de la Compañía de Jesús. José María Vélez, primer director de la colección Monumenta Historica Societatis Iesu (MHSI)  publicó entre sus primeros 166 volúmenes el Chronicon de Polanco, que comenzaba, precisamente, con la Vita Ignatii: 63 páginas de la primera edición en la lengua original: latín.

Ya en 1951 el segundo editor, Cándido de Dalmases, afrontaba con los nuevos responsables de MHSI la reedición crítica y científica de este documento con importantes aportaciones: incorpora nuevas notas de pie de página, destaca en cursiva lo que procede de la mano de Polanco y añade al comienzo de los nueves capítulos un breve resumen de los contenidos. Con todo, este relato no resultaba de fácil acceso para el público no iniciado en estudios ignacianos pues conservaba su lengua original, el latín, hoy una lengua desconocida para el lector común y público general.

El hispanista Eduardo Javier Alonso Romo (1969-2014) realizó la traducción y la edición de esta obra. Su trabajo viene a sumar a las anteriores ediciones dos grandes valores: la traducción a una lengua moderna y la actualización del aparato crítico de la obra. Los últimos 60 años han dado grandes frutos en el conocimiento de Ignacio de Loyola y la primera Compañía de Jesús. Así que a la cuidada edición de Dalmases que ya contaba con 260 notas respetadas e identificadas con la abreviatura ND, Alonso Romo añade otras 204 notas que identifican personajes, define términos oscuros o distantes y establece conexiones internas con otros volúmenes de Monumenta. A este valioso documento sobre la vida de Ignacio, se añade en el apéndice la carta del mismo Polanco sobre la muerte del Fundador (Roma, 6 de agosto 1556) documento imprescindible para conocer las últimas horas de vida de Ignacio y cómo se procedió con su funeral y entierro.

Grupo Comunicación Loyola acoge con orgullo esta importantísima fuente sobre el fundador de la Compañía de Jesús y agradece a la Comunidad de Vida Cristiana (CVX) a la que Eduardo Alonso Romo pertenecía, su apoyo para la publicación. Un tesoro editorial que guarda en castellano la memoria viva de Polanco del relato de la conversión de su gran compañero Ignacio de Loyola.

Lecturas ignacianas para un profesor novel

Un profesor nuevo, recién llegado a un colegio jesuita, al poco tiempo ya empieza a leer documentos y a escuchar en reuniones, claustros, charlas y conferencias, un término a veces desconocido: el de  «Pedagogía Ignaciana». Y lo más probable es que se extrañe: «¿Pedagogía Ignaciana? ¿Eso qué es? Pero si ni lo he estudiado en el máster…». Bueno, pues ahí es cuando se empiezan a buscar las primeras respuestas. Más o menos, así es como empiezan muchos profesores en los colegios, escuelas y universidades jesuitas.

Los libros tienen el maravilloso poder de regalar tiempo. Y por eso, dándole vueltas con EDUCSI, quisimos ofrecer un pequeño encuentro online donde charlar sobre algunos libros que descubren un tiempo fantástico para que cualquier profesor novel pueda empezar a bucear y a poner en práctica eso que llamamos Pedagogía Ignaciana. Sobre todo, queríamos que fuera un diálogo desde la experiencia: la docente y la lectora. Y para ello, invitamos a participar a Carlos Entrambasaguas, que es director del colegio San José de Valladolid, y a Miguel Poza, que es el coordinador de Formación de Educsi.

Empezamos a hablar y a compartir experiencias. Y al final descubrimos que teníamos casi una pequeña lista de libros muy útiles para iniciarse o profundizar en el tema. Si estás buscando ese tiempo para aprender más sobre el método pedagógico ignaciano, seguro que estas lecturas te van a ayudar mucho. Y seguro que también algunas reflexiones de esta pequeña charla te ayudan a entender mejor esta vocación especial que tienen los «educadores ignacianos». ¡Ya sólo con eso ha merecido la pena encontrarnos!


Lecturas ignacianas que pueden interesar a un profesor novel:

  1. Aprender por refracción
  2. Para comprender la pedagogía ignaciana
  3. La pedagogía ignaciana
  4. En Compañía de Jesús
  5. Espiritualidad para educadores
  6. Más en las obras que en las palabras
  7. Capaces de enseñar, dispuestos a aprender

Arrupe, una vida entregada al amor y la justicia

Me siento, hoy más que nunca, en las manos del Señor. Toda mi vida, desde mi juventud, he deseado estar en las manos del Señor. Y todavía hoy es lo único que deseo. Pero ciertamente hoy hay una gran diferencia: hoy es el Señor mismo el que tiene toda la iniciativa. Os aseguro que saberme y sentirme totalmente en sus manos es una experiencia muy profunda».

Estas palabras las dedicó Pedro Arrupe el 3 de octubre de 1983 a los jesuitas asistentes a la Congregación General 33 para expresar su renuncia después de 18 años como general de la Compañía de Jesús. De este modo supo reflejar al Cristo que habitaba dentro, que lo colmó de una humanidad profunda hasta su último día, el 5 de febrero de 1991. Se cumplen 30 años de otra vida de Arrupe, inspiradora para quienes vivieron a su alrededor y gozaron de su cercanía transparente, de su belleza y de su libertad interior. E iluminadora para quienes hoy recogen este legado universal que será elevado a los altares tras el intenso proceso de beatificación abierto en febrero de 2019. Así, de generación en generación, la historia y la iglesia venerarán al santo que logró la renovación de la Compañía de Jesús después del Vaticano II poniendo la espiritualidad ignaciana al servicio de una fe fortalecida y de una justicia aterrizada. Un carisma reflejado en libros, cartas, en cientos de testimonios y en sus reflexiones y que hoy llega al corazón.

El protagonismo de Pedro Arrupe está presente en muchos títulos de Sal Terrae y de Mensajero. Los dos sellos del Grupo de Comunicación Loyola atesoran gran parte de esa memoria escrita vigente hoy. El historiador italiano Gianni La Bella relata en su libro Los jesuitas. Del Vaticano II al papa Francisco, publicado recientemente por el sello Mensajero, la historia reciente de la Compañía en la que Arrupe es el auténtico motor espiritual y ejecutor de la transformación a la que estaba llamada la orden ignaciana. Admirador del padre general, La Bella también escribió para Mensajero Pedro Arrupe, general de la Compañía. Nuevas aportaciones a su biografía. Su figura también ocupa una parte importante del libro del recientemente fallecido Urbano Valero SJ, Pablo VI y los jesuitas. En el recorrido de la relación del papa con su orden predilecta, se desgrana esa relación y las responsabilidades encomendadas por el Pontífice: «en este tiempo calamitoso [os confío] una tarea de gran importancia: unir fuerzas para resistir con vigor al ateísmo, [un] terrible peligro que amenaza a toda la humanidad».

Arrupe también ha sido reflejado desde su sonrisa y desde su mirada. Gestos que retratan el alma y que han sido recatados por el jesuita Ángel Antonio Pérez en sus libros La sonrisa de Arrupe y La mirada de Arrupe, mostrando su rostro vivo y entregado al amor de Dios.

José Antonio García sj ha publicado el que refleja la autenticidad de la vocación religiosa de Arrupe: Pasión por Cristo, pasión por la humanidad de Mensajero, un compendio de 14 intervenciones suyas sobre la vida religiosa. El fondo de ambos sellos lo conforman libros suyos que mantienen encendida la llama de su experiencia vital: Yo viví la bomba atómica, el legado más difundido desde estas editoriales; Memorias del P Arrupe. Este Japón increíble; y Aquí me tienes, señor. Apuntes de sus ejercicios espirituales (1965). Suman al catálogo documentos que rebosan de la espiritualidad ignaciana que redescubrió, como el recientemente publicado en la colección Manresa: Pedro Arrupe, carisma ignaciano, de Darío Mollá sj o Orar con el Padre Arrupe de José Antonio García. Sus cartas iluminadoras y proféticas y documentos dedicados a sus hermanos jesuitas como son La identidad del jesuita en nuestros tiempos (Sal Terrae), una presentación de Miguel Mendizábal de textos de Arrupe, y La iglesia hoy y del futuro (con el prólogo del cardenal Tarancón).
La figura de Arrupe se impuso por su santidad activa, comprometida con los pobres y al servicio de la fe y de la justicia. Y diversos autores han querido inmortalizarla escribiendo su biografía y la semblanza de su sonrisa cautivadora y su presencia transparente: Pedro Miguel Lamet con Arrupe. Testigo del siglo XX, profeta del XXI o Martin Maier con Testigo y profeta.
Cada libro trata de contener la esencia de Arrupe: su entrega radical al amor de Dios.

 

«Es el secreto del maravilloso amor trinitario, que irrumpe cuando quiere en la vida de cada uno de una manera inesperada, inexpresable, irracional, irresistible, pero a la vez maravillosa y decisiva».

Un proyecto para atreverse a educar

Educar en pleno siglo XXI sigue siendo un reto tremendamente complejo. Y conviene que como padres -y por tanto, como educadores-, no nos engañemos. Todo comienza en casa. Pero… ¿quién nos prepara para esta tarea? Desde luego no se nace con ella. ¿Qué hacemos cuando la vida de nuestros hijos nos plantea preguntas o situaciones complejas para las que no tenemos respuestas o que no sabemos entender? La educación de nuestros hijos presenta caminos y etapas sombrías, llenas de dudas y miedos. Para ellos -nuestros hijos- y quizá aún más para nosotros, los padres.

Hay dificultades, sí. Pero no todos reaccionamos igual. Buena parte de las madres y padres, quieren ser una referencia clave para sus hijos. Y entienden que este pilar soporta un peso compartido con los centros educativos, los amigos y, ahora especialmente, con las redes sociales. También los hay que no se ven capacitados. Están los que dejan esa responsabilidad en manos de la propia vida, bajo la convicción de que en realidad lo importante es que sus hijos sean felices en cualquier momento y que les quieran… -¡Ya aprenderán con el tiempo!-, piensan. Y hay quienes se responsabilizan tanto, que se acaban bloqueando ante las primeras dificultades

Este libro de Fernando de la Puente está dirigido a esos padres o madres que entienden su responsabilidad educativa como la misión más ilusionante de sus vidas: la de transmitir valores y ayudar a crecer, sabiendo lidiar con aciertos, errores, esperas y aprendizajes. Y de eso nuestro autor conoce casi todos los aspectos. Treinta años formando y ayudando a centenares de padres le avalan. Especialmente por sus encuentros personales, grupales y su participación en las famosas Escuelas de Padres, de las que Fernando de la Puente ha sido uno de los grandes impulsores.

Este libro puede ser de enorme ayuda y una guía estupenda para esta apasionante responsabilidad de educar en casa. Lo que Fernando de la Puente nos presenta es una síntesis de muchas de las charlas, diálogos y temas que ha ido tratando a lo largo de los años. Lo que nos ofrece es que podamos descubrir nuestro propio proyecto educativo familiar. Y para ello, nos ayudará a encontrar un horizonte educativo y a establecer unas estrategias claras y precisas para las distintas etapas de la educación de nuestros hijos. Cómo él mismo escribe:

«Un horizonte humano hacia el que los hijos van a caminar como personas, no como robots. Y unas estrategias que les faciliten los comportamientos y actitudes adecuadas para avanzar hacia ese horizonte».

Un libro sencillo, lleno de profundidad, amor por la educación y una verdadera sinceridad. Un libro para confiar y atreverse, de verdad, a educar en la familia.

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Leonardo Boff: «San José tiene todas las características para ser la personificación del Padre»

El papa Francisco ha declarado el año 2021 como el año dedicado a la figura de san José con motivo del 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia Universal. Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios «el hijo de José», describe en su carta apostólica Patris Corde. Todo un acontecimiento celebrado por el teólogo Leonardo Boff  por entender que san José es más bien el patrón de la Iglesia doméstica que de la Iglesia-gran institución. Él mismo ya contribuyó con su libro San José, padre de Jesús en una sociedad sin padre a conocer mejor su figura. Le dedicó esta reflexión en Sal Terrae teniendo en cuenta la Biblia, la tradición, la doctrina del magisterio y de los teólogos, la liturgia y la piedad popular.

Como ha expresado el papa Francisco, los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y Lucas, fue muy escasamente, “pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fue y la misión que la Providencia le confió”. Y este libro profundiza en ese san José trabajador, esposo, padre y educador y expone de qué manera ilumina las cuestiones actuales de la familia y de la figura del padre. En el prólogo, Paulo Coelho dedica estas bonitas palabras: «Me complazco en la idea de que la mesa en la que Jesús consagró el pan y el vino habría sido hecha por José, porque allí habría quedado impresa la huella de la mano de un carpintero anónimo que se ganaba la vida con el sudor de su rostro y, precisamente por ello, permitía que los milagros se manifestaran». 

A la luz de su libro San José (Sal Terrae 2011) y las palabras del papa Francisco en su declaración del año 2021 Año de San José, ¿cree que la figura de san José hay que revalorizarla?

En la Iglesia prácticamente hasta los años 800 poco se menciona a san José. Como no dejó ninguna palabra, ha tenido solamente sueños, no sabían qué hacer con él. Solamente en 1870 fue proclamado patrono de la Iglesia universal, no directamente por el Papa Pio  IX, sino por un decreto de la Congregación de los Ritos. El Papa Juan XXIII era un gran devoto del santo y le confió el Concilio Vaticano II. Hizo más: introdujo “san José, esposo de María” en el canon de la Misa. La Exhortación Apostólica Patris Amore del papa Francisco y la proclamación de un año josefino le confirió más relevancia, particularmente por las siete virtudes que analizó en un sentido espiritual y pastoral. Pero hay que reconocer que la Santa Sede fue la última en ser conquistada por la devoción a san José. El pueblo siempre ha tenido una gran devoción por él, basta ver que el nombre José es dado a muchísimas personas, a escuelas, a calles etc. De hecho san José es más bien el patrón de la Iglesia doméstica que de la Iglesia-gran-institución.

Probablemente, el objetivo de su libro fuera revalorizar la figura de san José. ¿Qué ecos ha recibido a lo largo de estos años de sus lectores y creyentes?

El libro fue muy bien recibido por la comunidad de los teólogos y por la Iglesia en general. Ha sido traducido en varios idiomas. Por ejemplo el cardenal Aloisio Lorscheider al leer mi libro recibió un gran impacto y no se había dado cuenta de cuánto se podía aprender de este santo singular. Personalmente me confesó que los últimos tres retiros espirituales que predicó fueron todos a la luz de lo he expuesto en mi texto. Lo que escribí es, en verdad, un pequeño tratado de josefologia,  cubriendo los aspectos bíblicos, de la tradición, de la reflexión tardía y moderna sobre él y intentando renovar la comprensión de San José, especialmente, en una línea apuntada por el Papa Juan Pablo II en su Exhortación Apostólica Redemptoris Custos de 15 de agosto de l989: su asunción en el misterio de la Encarnación dándole así una cierta dimensión hipostática. 

¿Qué es lo que más desconocido de la figura de san José que cree más necesario destacar?

La tarea de la teología es descubrir más y más dimensiones del misterio inagotable de Dios. En el sentido de la Dei Verbum del Vaticano II, la revelación de Dios es más que dar a conocer verdades ocultas, sino significa más bien, una autocomunicación  de  Dios mismo, así como es. Si Dios es esencialmente trinidad de divinas Personas, todas ellas, actuando siempre juntas, cada una en su singularidad, entonces ellas se han autocomunicado en la historia de la salvación. Conocemos el Espíritu Santo que armó su tienda sobre María (Lc 1,35), el Hijo que también armó su tienda sobre Jesús (Jo 1,14) y no se hacia una reflexión sobre la autocomunicación del Padre, misterio fundamental, de toda divinidad. Cual seria la persona humana más adecuada a recibir la persona divina del Padre? Yo sostengo que san José tiene todas las características para ser la personificación del Padre. Primero por sus sueños que, según la tradición psicoanalítica, representa lo más profundo del ser humano, el inconsciente colectivo; además no dijo ninguna palabra porque quien habla no es el Padre, sino el Hijo, el Verbo eterno. Por ultimo se dice en el evangelio de San Juan que el Padre trabaja, lo que es la característica de San José, de ser un trabajador. El seria, como padre terrestre, el sujeto de la recepción de la autocomunicación del Padre celeste. Así tendríamos la entera familia divina del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo presente en la familia humana. Dios se ha de hecho autocomunicado enteramente al mundo teniendo una presencia personal especifica en María, en Jesús y en José. Esta es una contribución que intenté dar a la josefología, no afirmada con esta claridad en la tradición. Esto no es todavía una doctrina oficial, sino, como se dice en teología un teologúmeno, una hipótesis bien fundada, siempre bajo la apreciación de la comunidad teológica y del Magisterio.

Su libro ahonda en el silencio del esposo de María….un silencio que no le impide ser protagonista….¿qué podríamos aprender hoy en el siglo XXI de ese silencio?

El silencio de san José no es sin sentido. En nuestra interpretación es el modo en el que asume el misterio del Padre eterno, fuente y origen de toda la divinidad, lo que lo hace el sujeto adecuado para recibir el Padre en su autocomunicación. Pero tiene también un sentido espiritual y existencial. En la Iglesia oficial son los papas, los obispos y sacerdotes los que hablan. El pueblo de Dios vive, generalmente un profundo silencio. Hay un poderoso cristianismo popular, cotidiano y anónimo del que pocos se dan cuenta. Em esta situación de silencio viven gran parte de los cristianos, nuestros abuelos y abuelas, nuestros padres y los demás cristianos que toman em serio el evangelio y siguen el camino de Jesús. San José, por su silencio y anonimato, se inscribe dentro de este tipo de mundo. Es el representante de los humildes, “gente de bien”, sepultados en su cotidianeidad de cenizas, ganando su vida con el trabajo generalmente mal pagado y llevando honradamente sus familias por el camino de Jesús, del amor, de la solidaridad, de la piedad familiar. Verdaderamente san José es el patrón de esta iglesia popular, anónima de los que Jesús llamó de “mis hermanos y hermanas menores” del capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. De este silencio podemos sacar actitudes poco presentes en este mundo, lleno de palabras, de sonidos y de todas las formas de comunicación. El ser humano necesita de silencio, primero para escuchar el otro y después, auscultar su propio corazón, su interioridad que nadie puede penetrar sino Dios mismo. En este ambiente vivió San José y el mismo Jesús por 30 años antes de iniciar el anuncio del Evangelio.

¿El hombre actual puede responder al modelo de un padre y hombre como san José ?

San José fue un esposo, un  padre, un artesano y un educador que inició a su hijo Jesús en la piedad y en las tradiciones religiosas de su pueblo. Las virtudes citadas por el Papa Francisco en su Patris amore son las virtudes naturales de quien vive una vida como la vivió san José: el ser un padre  amable, tierno, obediente, acogedor, de un coraje creativo, trabajador y vivir en la sombra, es decir, en el anonimato común de la mayoría de las personas. Son valores transculturales. San José lo vivió en su cultura hebraica, nosotros, en otro tiempo, damos a estas virtudes fundamentales las características de nuestra época. Cambian los tiempos, pero no cambian las actitudes fundamentales. Por eso san José puede se presentado como  referencia de un padre y de una familia bien integrada. El gran poeta Paul Claudel tenia una especial admiración por el silencio de san José. En  una carta de 1934 a un amigo escribió: ”El silencio es el padre de la Palabra. Allí en Nazaret hay solamente tres personas muy pobres que sencillamente se aman. Son aquellos que van a cambiar el rostro de la Tierra”.