Jaime Tatay: «Quiero acompañar al lector hacia una reflexión trascendente sobre las experiencias cotidianas»

En tiempo de Pascua, hablar de Símbolos de resurrección es casi obligado. El nuevo libro de Jaime Tatay acaba de salir a la luz mostrando a través de breves reflexiones imágenes de esperanza. Siguiendo la línea de La llegada de un Dios salvaje de reflexiones cortas, más que una obra aislada es un proyecto con tres años de historia inspirado en la tradición de los libros de la revelación cristiana. De ahí que la estructura siga los citados textos: Libro de la creación, que sería la primera parte, y Libro de la Experiencia Humana, la segunda. «Dios se ha comunicado y se sigue comunicando en el libro interior de nuestros sentimientos, de nuestras experiencias y de nuestras memorias. Ahí también hay mensajes y signos que nos permiten acceder al mensaje que Dios nos transmite», comenta.

El libro comienza con una imagen bonita y muy evocadora: la fotografía de un hombre alcanzando la cumbre de una montaña abre el libro. ¿Qué sentido tiene una imagen así cuando el título hace el anuncio de símbolos de resurrección?

Las fotografías son de un buen amigo fotógrafo profesional, Alberto Diloy. Él ilustra gráficamente mis reflexiones. El pastor que sube la montaña es una foto bonita que evoca, en mi opinión, la idea de ascenso y de elevación. Subiendo no se sabe hacia donde. Y evoca la idea de esfuerzo. Hay un tercer significado: el sentido de encuentro y de la trascendencia. La montaña, la nube, lo alto…lugares privilegiados de encuentro con la divinidad. Moisés y Jesús en el monte Tabor, tantos relatos que acontecen en lo alto de una montaña. De alguna manera es el lugar a donde me gustaría acompañar al lector, hacia una reflexión trascendente que va más allá de las cosas cotidianas y de las experiencias diarias y que son capaces de elevarnos. Esa es la experiencia de la resurrección: trascender lo cotidiano para elevarnos.

Eres un autor a veces más académico, otras, más docente y personal. ¿Cuánto hay de ti en lo personal y cuánto de profesor?

Doy clases en la universidad y tengo que investigar y escribir como docente. Y también soy sacerdote, con lo que tengo una experiencia pastoral distinta con elementos comunes. Y una tercera capa, si quieres, es la personal biográfica. Es muy difícil desligar unas de otras. No nos podemos desmembrar. Todo lo que hacemos tiene su huella biográfica. Hay reflexiones que nacen de la lectura de un libro pero que tratan de trascender ese acontecimiento o esa experiencia. Unas veces parto de una experiencia personal y otras de un artículo o ensayo académico.

El primer capítulo es el reflejo del símbolo de resurrección muy esperanzador: la recuperación medioambiental de Chernobil. ¿Lo has escogido precisamente en este momento en que Ucrania vive su peor pesadilla?

Ha sido coincidencia. Cuando enviamos a imprenta el libro en septiembre no podíamos sospechar la guerra. Una historia que yo conocía por otros cauces e ilustra muy bien lo que tiene como objetivo el libro. Cómo del desastre ecológico puede surgir vida y esperanza. La sincronización ha sido perfecta, por desgracia.

Este libro hace un milagro, porque cuando terminas de leerlo buscas tus propios símbolos de resurrección.

Creo que esa es la experiencia de cualquier escritor porque todo lo que escribes es susceptible de ser modificado. Es un proceso que está abierto. Es un texto de ventanas abiertas al ser una colección de reflexiones todavía más. He de confesar que estos textos lo he escrito yo pero muchas ideas no son mías. Proceden de una lectura, de la idea de un amigo, de las redes sociales, de una exposición… Es un conjunto de materiales que le voy dando una forma narrativa personal. Resuenan con la propia experiencia. Leer y escribir es un gran flujo en el que todos participamos en la medida en que hemos recibido un lenguaje que no es nuestro y lo recreamos y lo devolvemos a ese gran cauce. El proceso creativo es un compartir y un reelaborar.

Tu narrativa se sirve de figuras muy personales: «catalizadores del Reino», «drenaje espiritual», «fronteras y ecotonos». Trasladas a tu universo términos tecnológicos, científicos y ofreces esa visión distinta de lo cotidiano.

Para mi el trabajo más fecundo consiste en traer términos de un ámbito a otro ámbito. Un término del ámbito de la química o de la biología que tiene un significado nuevo. Esa es una labor de intérpretes e innovación. Es un proceso que siempre está en la literatura y en el arte porque todo creador traslada a un nuevo contexto.

¿Hay alguna de estas figuras con las que te sientas más identificado?

Me gusta mucho «drenaje espiritual». Desde niño me gusta la botánica, el mundo agrícola y forestal y es algo en lo que me fijo. Esa visión de la espiritualidad como un proceso lento, con el crecimiento vegetal, y que requiere de cuidado, como es el riego, con una dosificación, ni exceso ni falta de agua, para mi es muy inspirador y porque me ha ayudado a mi propia vida espiritual….Es algo que encontramos en la tradición cristiana.

¿Tus figuras y tu modo de expresar y de acercarte a la realidad crees que son un puente para llegar a los jóvenes o no lo haces con esa intencionalidad?

Me gustaría que llegara a todas la comunidad cristiana que esté interesada en reflexionar sobre la espiritualidad cristiana. Si llega a los jóvenes fenomenal.

Entre todos tus relatos, destaca tu inspiración en la naturaleza. Son muy ricas tus reflexiones en torno a la naturaleza.

Hay todo un género que está en expansión conocida como  «escritura de la naturaleza». No es una novela sino que la naturaleza se convierte en la protagonista principal. Es  una reflexión humanista que se acerca a la naturaleza como sujeto no simplemente como escenario. Y este género trae al primer plano a la naturaleza con voz propia. Mi libro tiene algún elemento que comparte con esa corriente literaria con la que quiere dialogar, aunque lo hace desde una tradición particular que es la de la espiritualidad cristiana.

Un libro, ¿puede convertirse en símbolo de resurrección?

Claro que sí. A cuántos nos han acompañado los libros a lo largo de nuestras vidas. Cuántos libros han pasado a formar parte de nuestra historia. Los libros son sostén y forman parte de nuestra memoria y pueden ser símbolos de resurrección y alimento de la fe. Ojalá este libro también lo sea.

El libro no tiene dedicatoria, sin embargo, ¿hay alguien en mente a quien quieras dedicar el libro?

No se lo he dedicado a nadie peo ya que me preguntas dedicárselo a mi familia, en especial a mis padres que han leído con mucha ilusión todo lo que escribo. Y en segundo lugar a la Compañía de Jesús que es mi segunda familia y que me ha permitido formarme y me ha dado el tiempo y los recursos para poder escribir.

El método para acompañar en la decisión de la vocación religiosa: «Discernir la llamada»

Los formadores en la vocación de vida consagrada de los seminarios, de los noviciados y de las casas de formación, tienen un nuevo aliado: el manual de Luis María García Dominguez SJ Discernir la llamada. La valoración vocacional. Se trata de un libro fruto de una larga experiencia en el acompañamiento y en la toma de muchas decisiones vocacionales. Con todo lo aprendido, el autor ordena para iluminar en este complejo y crucial proceso en la vida con vocación “eclesial” de ayudar a otros en esa formación de líderes que son los sacerdotes, los religiosos y las religiosas.
El lector que quiere discernir su vocación puede encontrar en este material criterios eclesiales (en el capítulo 1, sobre todo), un recorrido existencial por los puntos que habría que examinar (en el capítulo 3) y la síntesis de una vocación adecuada o problemática (en el capítulo 4). Otras páginas, por supuesto, le puede orientar. Pero, sinceramente, este libro está pensado más como un instrumento práctico para aplicar por quienes tratan con personas que quieren discernir su vocación, de un modo más intuitivo e inicial, o de una manera más sistemática. A ellos sí les puede ofrecer bastantes pistas de trabajo práctico.
La experiencia demuestra la infinita variedad de situaciones y de personas que se sumergen en el discernimiento de lo que Dios les está pidiendo en su vida, pero siempre con un punto común: «honradez, deseo de hacer verdad en sus vida y búsqueda», aclara Luis María. «En mi experiencia, comparten también gran generosidad, aunque sea entre dudas y tanteos». Lo que sí tiene claro es que muchas personas buscan, pero demasiadas buscan solas. «¡Ojalá encontraran con quién compartir sus esfuerzos solitarios!»
El autor se ha detenido en proponer una metodología, unos pasos, para discernir esa llamada. Y tener un método ayuda más que tener una pura intuición. «Yo propongo un método que no es mío, sino aprendido de personas que lo han trabajado mucho y bien (los profesores de la Universidad Gregoriana de Roma). El método proporciona cierto rigor, y un intento de integración entre la espiritualidad (de los documentos de la Iglesia, de los textos carismáticos) y los hallazgos más o menos consensuados de una psicología integrada en una antropología cristiana».  En esta línea reconoce que tanto ayer como hoy, las vocaciones se examinan bien y mal. «Desgraciadamente me parece que todavía falta a veces un poco de rigor, de criterio, de seriedad a la hora de discernir y de acompañar las vocaciones de hoy en día», explica. «Algunos problemas del clero y de la vida religiosa se podrían prevenir y reconducir con un enfoque adecuado en la formación inicial. Aunque no podamos garantizar todo cuando tratamos con seres humanos complejos y libres».
De alguna manera, no hay norma en el seguimiento del Señor, porque “para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol… y un camino virgen Dios” (León Felipe). Dios llama con llamada única y respondemos con respuesta única. Ningún religioso responde repitiendo a su fundador, sino reviviendo su carisma de modo nuevo.
Por otro lado hay personas que empiezan honradamente y con generosidad su vida vocacional (como seminaristas, sacerdotes, personas consagradas) y al cabo de algunos años, por las circunstancias que sean, esa vocación se les hace imposible. También conozco a personas así, que ha seguido su “nueva” vocación, porque también creo ese dicho tradicional: “donde Dios cierra una puerta, abre una ventana».
Este discernimiento es todo un proceso que pasa por etapas distintas percepción-emoción-pensamiento-juicio y decisión. Parece un proceso descartado entre los jóvenes porque son «hijos de su tiempo y no son muy dados a la reflexión y al análisis profundo de su mundo interior». Ante esta realidad, tampoco la cultura actual les proporciona muchas herramientas para ello. Por eso este libro, no está tanto dirigido a estos jóvenes, sino a quienes les ayudan como educadores, monitores, mentores, tutores, acompañante espirituales y formadores, que «sí pueden ayudarles a ese largo proceso de integrar lo racional y lo emotivo de su mundo interior», añade Luis María García. «Mi experiencia también me dice que muchas personas jóvenes agradecen esa ayuda y así encuentran su propio camino en libertad, el que Dios quiera y el que cada una de ellas reconoce dentro de sí».

Gabino Uríbarri: «Busco un equilibrio entre la verdad de la fe cristiana y el puente más transitable hacia los jóvenes»

Para el teólogo de la Universidad Pontificia Comillas Gabino Uríbarri SJ existe un gran reto: ofrecer una pastoral a los jóvenes que supere las enormes dificultades de fe y de espiritualidad líquida. Con su nuevo libro Jesucristo para los jóvenes. Claves pastorales para un mundo líquido, se propone desgranar esas claves. Para ello aborda tres frentes: la iglesia y su lenguaje; la dimensión cristológica y la liturgia. El libro ofrece esas claves de las que pueden servirse los agentes de pastoral juvenil para que Dios cale en sus corazones.

  • El título de su libro, Jesucristo para jóvenes, suscita muchas preguntas: si hay un Jesucristo para cada edad y nos presenta el de los jóvenes; o si se trata de configurar el Jesucristo en el que pueden creer los jóvenes. En realidad, ¿a qué responde?

-Los jóvenes hoy en día forman una subcultura. Poseen una idiosincrasia particular. En ellos se dan dificultades específicas a la hora de acceder a la fe: la espiritualidad líquida, entre ellas. El libro intenta diagnosticar las más relevantes y buscar elementos de la fe cristiana para sugerir pistas desde donde se pueden afrontar esas dificultades específicas.

No hay un Jesucristo para cada edad, aunque en cada edad un aspecto suyo pueda ser más relevante.

  • Anuncia, en la introducción del libro, que su propuesta va en sintonía con el sínodo dedicado a los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional y con una síntesis de dos de las preferencias apostólicas universales de la Compañía de Jesús aprobadas por el papa Francisco en 2019. La primera comienza así: «Mostrar el camino hacia Dios». La tercera dice: «Acompañar a los jóvenes en la creación de un futuro esperanzador». Un tema inquietante en la actualidad y que muestra una necesidad clara, no tanto las respuestas. ¿Qué ofrece este libro y a qué lector va dirigido?

-El libro va dirigido, en primer lugar, a todos aquellos que trabajan pastoralmente con jóvenes, en el nivel o el modo que sea: parroquias, colegios, universidades, movimientos, cofradías. Con alguna ayuda, también puede ser útil para los universitarios que participen en grupos de fe. Más allá, muchos creyentes pueden encontrar una ayuda y un refuerzo de su fe.

Lo que el libro pretende ofrecer son claves y pistas desde la fe cristiana para enfocar la pastoral juvenil en cuatro áreas fundamentales, interrelacionadas, relativas a los jóvenes líquidos. ¿Qué Iglesia? ¿Qué lenguaje de la fe? ¿Qué Cristo? ¿Qué liturgia? Se busca un equilibrio entre la verdad de la fe cristiana y el puente más transitable hacia los jóvenes y para los jóvenes de hoy en día, para ofrecerles la posibilidad de recorrer ese espacio juntos: de su modo de ser al encuentro con Jesucristo.

  • La primera parte ofrece un perfil del joven hoy desde una perspectiva «amorosa», porque si no es desde ese respeto no se sabrá a quiénes va dirigida la pastoral. ¿Cree que esa falta de escucha ha provocado el desfase y desconexión entre jóvenes y pastoral y, por tanto, la desconexión de los jóvenes al mensaje?

La escucha siempre es necesaria. En un tiempo de cambios tan rápidos como se dan hoy en día, de fragmentación cultural y de subculturas lo es todavía más. Es corriente hablar de sociedad post-cristiana y de secularización. Esta situación ha producido de hecho una enorme distancia afectiva e intelectual de modo casi estructural entre los jóvenes y la fe cristiana. Por eso, es necesario salir de nosotros mismos y contemplar amorosamente a los jóvenes. Estimo que es una condición previa a una posible transmisión de la fe.

  • En el libro late la pregunta cómo ser Iglesia evangelizadora para estos jóvenes y con estos jóvenes? En realidad, una de las tantas preguntas que usted se hace en este libro y que sí propone respuestas. Desde su punto de vista, ¿cuál es la respuesta clave? ¿Su libro es un punto de partida del que nacerán nuevas respuestas?

-Lo principal es ayudar a los jóvenes a que ellos mismos tengan un encuentro en profundidad con Jesucristo. Ahí está la clave. Por eso se la Iglesia ha de poner los medios para ese encuentro por encima de todo: de exigencias doctrinales o morales. Eso vendrá después, con el tiempo y la maduración. En concreto: la Iglesia, el lenguaje, la liturgia, el aspecto que se privilegie de la fe cristológica ha de caminar en la dirección de facilitar el encuentro con un Cristo verdadero, no recortado. Más técnicamente, la Iglesia ha de ofrecer una mistagogía: una guía para el encuentro con el Misterio de Cristo.

-No se ofrecen «platos precocinados». El libro pretende dar criterios y claves asentadas en la fe cristiana, para que luego se adapten creativamente a cada situación particular, según los tiempos, las personas y las posibilidades. Es ese sentido, estaría muy contento si desde aquí se fecundaran muchas respuestas.

 

 

Ignacio y Francisco Javier, los santos peregrinos que salieron de sí mismos para perderse en Dios

La mirada hacia este largo camino iniciado hace 400 años, el 12 de marzo de 1622, día de la canonización de Ignacio de Loyola y Francisco Javier, devuelve del pasado el excepcional legado de dos vidas maestras. Dos historias que han ido iluminando en cada tiempo, en cada época y en cada rincón del mundo a hombres y mujeres. Ellos emprendieron su propia peregrinación para salir de sí mismos y perderse en Dios. En vida, relataron sus enormes resistencias y dificultades para perderse de sí mismos, abrazar a Quien les llamó a su modo y regresar en la mejor versión de sí mismos. Y tras su muerte y su canonización, su legado espiritual ha guiado entre infinitos caminos, entre diferentes paisajes y bellas historias. Ignacio escribió en los Ejercicios Espirituales, su testamento espiritual: «Piense cada uno que tanto se aprovechará en todas cosas espirituales, cuanto saliere de su propio amor, querer e interés» (Ej [189]).

¿Cómo contar sus historias? ¿Cómo transmitir en cada época y realidad su inspiración e iluminar otras?  Para el Grupo de Comunicación Loyola es todo un reto. Este mes publicaba el libro de Pedro Trigo, Carisma ignaciano ayer y hoy como ejemplo de que su carisma lo impregna todo hoy. Este 400 aniversario es esa fecha que aglutina una historia narrada, venerada y aprendida para brindar la posibilidad a cada uno de reconocer el camino que recorrieron para andar el suyo propio: «Es maestro quien, recorriendo el camino de los antiguos, aprende a hacer el camino nuevo».

Desde la autobiografía de Ignacio, o El viaje de Javier, de J. M. Guibert, hasta la lectura de los Ejercicios Espirituales en el hoy concreto, cada página invita a das los pasos de estos peregrinos. Los Ejercicios Espirituales son el más valioso de todos los textos escritos por Ignacio de Loyola: Ejercicios Espirituales. Mientras que otros autores ayudan a interpretarlos en lo cotidiano de hoy: La aventura ignaciana.

 

 

 

 

Peter Seewald: «Benedicto XVI ha llevado al papado a una nueva era»

El periodista alemán Peter Seewald lleva casi 30 años acompañando a Joseph Ratzinger profesionalmente. Nadie más idóneo que él para escribir un libro de dimensiones historiográficas como Benedicto XVI, una vida. Su trayectoria profesional está marcada por diversos hitos: la dirección del periódico Der Spiegel, entre 19881-1987. Su trabajo de redacción en Stern y en el semanario de Süddeutsche Zeitung. Y cómo no, su primera entrevista al cardenal Joseph Ratzinger en 1996, prefecto entonces para la Congregación para la Doctrina de la Fe.

De este primer encuentro nació una afinidad que se reflejó en el primer libro dedicado a Ratzinger: La sal de la tierra. Una obra escrita en colaboración con su protagonista escrita con la intención de retratarle fuera del marco ya extendido de Panzer cardenal o Gran Inquisidor. Además del giro profesional experimentó su propia conversión religiosa. Regresó al seno de la Iglesia Católica, aquella en la que fue educado en Baviera y de la que se distanció a los 19 años de edad para seguir la estela de marxismo. Con 42 años de edad, en plena madurez profesional, su regreso le acercó más aún a Ratzinger y asumió la misión de desenmascarar lo que ha llamado escandalosas manipulaciones orquestadas para oscurecer su imagen ante la opinión pública. Y ante nuevos proyectos literarios, fue descubriendo al hombre en tiempos de guerra; al sacerdote apodado el Mózart de la teología, al prefecto inspirado en el Evangelio y al papa teórico que se enfrentó con análisis certeros al irrefrenable proceso de secularización.

La biografía de Benedicto XVI es el resultado de mucho trabajo: entrevistas, selección, orden y redacción, entre otros. ¿Qué parte del proceso fue la más difícil para usted y por qué?

Sí, fue un enorme desafío. Si hubiera sabido lo que se avecinaba, probablemente nunca habría empezado. Pero una historia de vida tan única y significativa como la de Joseph Ratzinger debe abrumar a todos los biógrafos. Su trabajo es casi inmanejable. Además, las conversaciones con alrededor de cien testigos contemporáneos y con el propio Papa Benedicto han sacado a la luz mucha información nueva. Fue muy difícil traer este gigantesco material y la teología, que en parte es difícil de entender para los legos, o por ejemplo también los eventos del Concilio, a un lenguaje que hace que el libro sea emocionante. Como he escuchado de muchos lectores, esto obviamente ha tenido éxito. Siento que el libro se haya vuelto tan extenso. Pero ya he acortado 300 páginas. Es una gran historia.

Estamos orgullosos de publicar su libro porque creemos que usted es quien mejor conoce al Papa emérito. ¿Qué descubrió mientras escribía esta biografía y qué es lo que quiere conservar?

He acompañado a Joseph Ratzinger como periodista durante casi 30 años. Pero sólo a través del examen intensivo de la historia de su vida me di cuenta de él, lo que este hombre ha logrado para su iglesia y su fe en una biografía sin precedentes y lo que la disposición a sufrir estaba asociada a ello. Precisamente porque nunca fue la corriente principal, sino que siguió siendo un espíritu crítico e incómodo. La diferencia con muchos otros autores es que los análisis de Ratzinger fueron precisos. Se han probado a sí mismos a lo largo de las décadas.

Lo que también fue nuevo para mí era la contribución de Ratzinger a las reformas del Concilio Vaticano II, mucho mayor de lo que habíamos conocido anteriormente. Se puede decir: sin su contribución, el Consejo en su forma progresiva nunca habría existido.  A través del trabajo en la biografía del Papa me di cuenta de la valentía y la línea recta con la que defendía los principios del catolicismo, incluso al precio de la popularidad. Y con qué humildad asumió también tareas al servicio de la Iglesia a las que nunca había aspirado. Ya sea como obispo, prefecto de fe o Papa.

Ciertamente, hay diferencias de opinión sobre Benedicto XVI. Lo especial de él es que todos los ataques que recibió, todos los intentos de presentarlo al público como una marioneta, no pudieron evitar que se convirtiera, con sus millones de ejemplares, en el teólogo más leído de los tiempos modernos – y para innumerables fieles un icono de verdadera catolicidad y fidelidad al mensaje de Cristo-. Gente de todas las denominaciones e incluso ateos aprecian su inteligencia, su alta cultura, la voluntad de dialogar y por último, pero no menos importante, su forma de escribir, que lleva algo de música en su interior. Eso permanecerá. Al igual que su innovadora trilogía sobre Jesús y el histórico acto de resignación con el que cambió el papado. Creo que ya no habrá nadie como Benedicto XVI en la Cátedra de Pedro.

Benedicto XVI en más de 1000 páginas… ¿Con qué breve definición de Benedicto XVI lo presentaría al mundo?

Eso es difícil. Joseph Ratzinger es tan diverso y ha trabajado en posiciones muy diferentes durante muchas décadas que es imposible exprimir su trabajo en una definición corta. El «Süddeutsche Zeitung» una vez lo clasificó de esta manera: «No encaja en ningún cliché, ni el conservador ni el progresista». Ratzinger era «simplemente católico, con cuerpo y alma, una especie de navegante con una bata púrpura». Y esto fue especialmente cierto en el momento en que él, como pastor supremo, lideró la Iglesia Católica mundial con un claro liderazgo. Con él, todo el mundo sabía dónde estaba y que todo lo que representaba podría ser incómodo a veces, pero correspondía fielmente al mensaje del Evangelio, las enseñanzas de la Iglesia y los resultados del Concilio Vaticano II.

Podríamos decir que Benedicto XVI es uno de los principales intelectuales de nuestro tiempo, una voz autorizada de la razón y la fe, y, además, un maestro espiritual de las altas gracias que ayuda a la gente a conocer a Dios y a encontrarse a sí misma. Además, también es un destacado escritor espiritual. A alguien se le ocurrió la idea de proponerlo para el Premio Nobel de Literatura.

Siempre piensas que el Papa vive en una burbuja. ¿Qué fue lo que te acercó especialmente a él?

La imagen del Papa en una jaula dorada es común, pero es un cliché. En lo que respecta a Benedicto XVI, probablemente haya pocas personas que hayan tenido y sigan teniendo tantos contactos como él. Ya hasta su época de obispo, la colección de su correspondencia contiene 30.000 cartas. Ratzinger siempre estuvo bien informado, como Prefecto y como Papa. AComo emérito de 93 años, todavía sigue los eventos en la iglesia y el mundo muy intensamente. Me impresionó especialmente su disposición a aceptar a personas que no son de su convicción. Yo había dejado la Iglesia y de joven me había comprometido con el comunismo. No he conocido a nadie tan inteligente y al mismo tiempo tan simple y accesible; nadie que pudiera escucharte mejor y responderte con mayor precisión.

Su libro cuenta la vida entera de un hombre que tenía dos nombres: Ratzinger y Benedikt. ¿Hay dos biografías, Ratzinger y Benedicto?

No. El trabajo y las enseñanzas de Benedicto XVI muestran una impresionante continuidad y unidad. Su línea ya estaba establecida como un joven profesor, y nada ha cambiado. La historia del antiguo Ratzinger progresista, que a través de un «trauma» se ha convertido en un Ratzinger conservador a reaccionario, es una leyenda negra. Como prefecto de Fe tuvo una tarea muy difícil. Esa no es una posición para ser popularizada. También carecía de la comunicación correcta aquí, una y otra vez. Pero como Papa, el mundo podía ver cómo era realmente Ratzinger. Y que permaneció igual, sin importar su dignidad. No es vanidoso, ni tiene un aura estrictamente autoritaria. Todos los que lo han conocido personalmente informan de su amabilidad y ayuda. Esto ya es evidente en el ejemplo de Cristo, a quien Ratzinger ha tratado de seguir desde su infancia.

Su tarea es acercarnos a una figura extraordinaria de la historia de la iglesia. ¿Qué deberíamos recibir del trabajo de Benedicto XVI y su contribución a la Iglesia?

En última instancia, la historia juzgará la importancia de Benedicto XVI más allá de nuestro tiempo. Puedo imaginar que un día veremos en él al maestro eclesiástico de la modernidad, un hombre cuyo trabajo será una ayuda esencial para reconocer los errores de nuestro tiempo y un elemento indispensable para la reconstrucción de la Iglesia. Una cosa es cierta: ha llevado al papado a una nueva era y, como constructor de puentes entre lo viejo y lo nuevo, ha marcado el rumbo. Sería fatal para la Iglesia y el mundo ignorar su palabra.

 

Nueva novela de Lamet: una mirada reconciliadora de la Guerra Civil

Ante las nuevas trincheras intelectuales que parece enfrentar hoy de nuevo a los partidos políticos y con ellos, a los españoles, el escritor Pedro Miguel Lamet trata de poner un gramo de serenidad y reconciliación con la nueva novela histórica Las trincheras de Dios. Esta novela hace una lectura alternativa de la Guerra Civil española sumergiéndose en la mirada de quienes pretendieron evitar la contienda por medio de la reconciliación entre las dos Españas. Una historia con un valor único al profundizar en la influencia del factor religioso en la guerra desde el contexto de una España actual, dividida hoy por la polémica de la memoria histórica.

La historiadora Milagros Aguilar es la protagonista. Una mujer en el siglo XXI investigando la verdad de la Guerra Civil española durante la redacción de sus tesis doctoral El factor religioso en la Guerra Civil. Sus estudios le van ayudando a clarificar algunas ideas mientras descubría la figura del religioso Fernando de Huidobro (1906-1937), un jesuita filósofo, alumno predilecto de Martin Heidegger, que regresa a España para ofrecerse a servir en cualquiera de ambos bandos. Entregado heroicamente a auxiliar a las víctimas, sean rojas o azules, decide, desde su experiencia como capellán de la Legión, denunciar al alto mando por el modo de ejecutar los fusilamientos de jóvenes milicianos, hasta que muere víctima de un obús procedente del fuego amigo. A Milagros Aguilar, como al propio autor, esta investigación le conduce a pensar que la guerra de España fue la mayor equivocación de la historia.

«Todos tenían sus razones, pero al mismo tiempo, todos tuvieron su parte alícuota de culpa; menos el pueblo llano, claro, que fue la mayor víctima, el que sufrió en su carne las consecuencias de una guerra tan larga», argumenta Pedro Miguel Lamet, «la mayor persecución religiosa en la Europa del siglo».

La historia de Mila, nacida en una familia sevillana conservadora y marcada por la pérdida de seres queridos asesinados durante la contienda, refleja a la vez los conflictos ideológicos a los que se enfrentan los españoles. Tras estudiar la carrera de Historia, conoce a Jordi Casanova, socialista catalán, que llegará a convertirse en juez de la Audiencia Nacional. Su matrimonio, con dos hijos, sufre una crisis profunda por sus diferencias ideológicas. Él, implicado en la Memoria Histórica; ella, en la redacción de una tesis doctoral sobre El factor religioso en la Guerra Civil.

Con su personal estilo literario, Lamet ofrece una síntesis del sangriento conflicto con aportación de datos, humanidad y el análisis de una nueva perspectiva encarnada por quienes ya entonces lucharon por la paz, la justicia y la reconciliación entre españoles. A través de la novela, quiere demostrar que en medio de aquella atroz guerra había una tercera España compuesta de personas que pretendían con todas sus fuerzas evitar la sangría del país y luchar por la reconciliación y la paz. Y entre ellas, el padre jesuita Huidobro, que entregó su vida intentando conversar con la otra parte y comprender sus razones. «Esa voz es la única que también ahora debería ser escuchada e imitada», corrobora.

«Creo que yo mismo he aprendido mucho al escribir esta novela sobre esos terribles años que nos han configurado y aún siguen afectándonos», reconoce.